La antigua fábrica Wonder Bread de San Diego, futura sede del nuevo recinto de Live Nation. (Foto de Tessa Balc/Times of San Diego)

La llegada de un nuevo recinto de Live Nation podría ampliar las opciones para que más artistas se presenten en San Diego. Sin embargo, quienes trabajan en la industria consideran que los beneficios para el público podrían ser limitados.

La empresa de entretenimiento anunció el 17 de agosto que convertirá la antigua fábrica Wonder Bread, ubicada en las afueras de East Village, en un nuevo espacio para conciertos. El anuncio se produjo apenas días después del cierre de Brick by Brick y de que The Bancroft, en el este del condado, informara que también cerrará sus puertas.

A pesar de estas pérdidas, representantes del sector consideran que San Diego mantiene un ecosistema saludable de recintos musicales. No obstante, asistir a conciertos se ha vuelto cada vez más costoso para los aficionados. En este contexto, el proyecto de Live Nation busca cubrir un vacío específico del mercado.

Actualmente existen seis recintos dedicados a la música en vivo en el centro de la ciudad. Cuatro de ellos, Quartyard, Casbah, Music Box y Rady Shell, operan de manera independiente. Los otros dos son Gallagher Square y House of Blues, vinculados a grandes corporaciones.

Justin Navalle, socio administrador de Quartyard; Tim Mays, impulsor de Casbah; y Joe Rinaldi, directivo de Music Box, coinciden en que la llegada de Live Nation no representa una amenaza inmediata para sus negocios. Sin embargo, sí cuestionan lo que podría significar para los consumidores.

Un nuevo jugador en la ciudad

Un nuevo recinto significa más conciertos en San Diego. Con una capacidad estimada de 4,000 asistentes, el espacio podría atraer artistas que aún no llenan escenarios como Rady Shell, pero que ya superaron el tamaño adecuado para House of Blues.

Rinaldi considera que esta categoría intermedia puede beneficiar al resto de las salas locales al permitir que los artistas desarrollen gradualmente su público.

“Tal vez más artistas toquen en Music Box porque quieren mantenerse presentes en este mercado”, explicó.

Según Rinaldi, hasta ahora muchos músicos debían dar el salto de recintos de aproximadamente 1,500 personas a espacios de 6,000 asistentes, un crecimiento que rara vez ocurre de manera natural.

El potencial crecimiento de las salas independientes representa una noticia positiva para el sector. Sin embargo, todos coinciden en que operar un recinto independiente nunca ha sido sencillo, especialmente después de la pandemia.

Además, los hábitos del público han cambiado. Mays señaló que cada vez menos personas compran boletos el mismo día del concierto. La mayoría adquiere sus entradas con anticipación, una tendencia que atribuye al aumento generalizado en el costo de vida.

Los tres operadores también han detectado un incremento en la cantidad de personas que compran boletos pero finalmente no asisten. Navalle y Rinaldi atribuyen parte del problema a los revendedores en línea que utilizan herramientas de posicionamiento en buscadores para aparecer antes que los recintos oficiales en las búsquedas de conciertos. Esto reduce las ventas de comida, bebidas y mercancía durante los eventos.

El costo de las oportunidades

Navalle considera que el crecimiento de la oferta musical no debería frenarse. Sin embargo, le preocupan las prácticas comerciales asociadas al modelo de negocios de Live Nation.

“Lo que más me preocupa son las reglas bajo las que juega Live Nation”, afirmó.

Navalle sostiene que los recintos independientes no compiten en igualdad de condiciones cuando existen restricciones que limitan la contratación de ciertos artistas o cuando algunas agencias prefieren trabajar con empresas de gran escala debido a relaciones comerciales ya establecidas.

En abril, un jurado federal en Nueva York concluyó que Live Nation y su filial Ticketmaster incurrieron en prácticas monopólicas relacionadas con el aumento de precios para los consumidores y la reducción de la competencia. Entre los señalamientos figuraron contratos exclusivos con artistas y otras prácticas que dificultan el acceso de recintos independientes a ciertos espectáculos. Hasta ahora, el fallo no ha provocado cambios significativos en la forma en que opera la empresa.

Aun así, la demanda por conciertos sigue siendo alta.

“Te cobran más por la mercancía, por la reventa de boletos, por el estacionamiento y por las concesiones. Controlan prácticamente todo. Y aun así voy a ir a ver a Thee Sacred Souls”, comentó Navalle sobre el concierto que la banda de San Diego ofreció en Gallagher Square.

Incluso los artistas favoritos del público, añadió, terminan formando parte de este mismo sistema.

Mays coincide. En su opinión, cuando un espectáculo se presenta en un recinto del tamaño que tendrá el antiguo edificio Wonder Bread, los consumidores realmente tienen pocas alternativas.

“Si les gusta un artista, tienen que aceptarlo. Y la gente lo hace”, concluyó.