
Una nueva herramienta de mapeo de calor en San Diego está revelando riesgos en lugares donde los residentes menos los esperarían, incluidas comunidades costeras que permanecen peligrosamente cálidas durante la noche a pesar de registrar temperaturas más frescas durante el día.
Para enfrentar el aumento de las temperaturas en todo el condado, expertos climáticos locales están literalmente “arrojando sombra” al problema.
Solutions for Heat Adaptation and Equity in San Diego, más conocida como Shade SD, es una nueva iniciativa financiada por el estado que busca hacer que San Diego sea más resiliente frente al incremento de las temperaturas. El proyecto colaborativo utiliza más de 75 conjuntos de datos públicos para generar comparaciones únicas que revelan riesgos que de otra manera pasarían desapercibidos para los residentes.
La iniciativa está encabezada por la Regional Climate Collaborative de la Universidad de San Diego, una red de agencias públicas, académicos, organizaciones sin fines de lucro y empresas que desarrolla estrategias de adaptación climática para la región.
Tras recibir una subvención estatal de la oficina del gobernador, la colaboración climática unió esfuerzos con especialistas del Heat Hub de la Scripps Institution of Oceanography y con las ciudades de San Diego, Chula Vista y La Mesa.
Su misión es identificar las formas más efectivas de reducir los riesgos asociados al calor extremo en todo el condado, adaptando las soluciones a las necesidades específicas de cada ciudad.
Su nueva herramienta, llamada Heat Risk Explorer, ayuda a los residentes a identificar riesgos y encontrar formas de reducir el calor en sus comunidades, trazando un camino hacia un San Diego más fresco. Al combinar distintos tipos de mapas, los usuarios pueden observar cómo diversos factores elevan o reducen las temperaturas.

Connor Mack, estudiante de doctorado en Scripps y científico de datos, incorporó comentarios de los socios del proyecto para ampliar las capacidades de la herramienta y mejorar su diseño, lo que permitió identificar riesgos inesperados relacionados con el calor durante la noche en zonas costeras.
Aunque estas áreas suelen mantenerse más frescas durante el día gracias a la influencia del océano, la situación cambia después de la puesta del sol.
“Si observas el calor nocturno, por ejemplo, las zonas costeras aparecen destacadas porque tienen capa marina, poca capacidad de enfriamiento durante la noche y altos niveles de humedad”, dijo Mack. “Por la noche, en lugares donde no pensarías que existe un alto riesgo, en realidad este puede ser bastante elevado”.
Comparar distintos tipos de datos permite revelar riesgos ocultos, pero estas comparaciones son mucho más útiles cuando los mapas son más precisos.
La mayoría de los datos públicos están organizados por secciones censales, áreas geográficas que pueden variar enormemente en tamaño. Mientras que en zonas urbanas una sección censal puede abarcar apenas algunas cuadras, en áreas rurales puede extenderse por largas distancias, dificultando la identificación de riesgos específicos a nivel vecinal.
Al incorporar una capa de densidad poblacional, el proyecto puede ajustar la información de las amplias secciones censales a barrios específicos. Esta mayor precisión permite identificar los riesgos exactamente donde viven las personas, reduciendo la escala de análisis desde todo el condado hasta una sola cuadra.

Otro desafío es obtener datos meteorológicos precisos.
San Diego cuenta con más de 200 estaciones meteorológicas operadas por distintas organizaciones que monitorean las condiciones climáticas diariamente. Sin embargo, están demasiado dispersas para proporcionar el nivel de detalle que requiere una herramienta enfocada en los vecindarios.
Pequeños monitores meteorológicos impresos en 3D, desarrollados por el científico de Scripps Dr. Gregory Roberts, están ayudando a cerrar esa brecha.
Instalados en vehículos y bicicletas, estos dispositivos registran temperatura y humedad a medida que se desplazan, generando una imagen mucho más completa del paisaje térmico de la región.
Según Mack, actualmente existe un esfuerzo para instalar estos sensores en autobuses urbanos.

Darbi Berry, directora de la colaboración climática, explicó que el proyecto está diseñado para ayudar a las ciudades a identificar soluciones prácticas adaptadas a sus necesidades específicas.
“La acción climática es un problema de ‘sí, y’”, dijo Berry, quien obtuvo una maestría en Ciencias Ambientales y Oceánicas en la Universidad de San Diego. “Estamos desarrollando muchas soluciones que pueden integrarse en espacios existentes en lugar de crear algo completamente nuevo. Eso ha sido especialmente útil para nuestras ciudades más pequeñas, que quizás no tienen la capacidad para asumir procesos de planificación completos”.
Cubrir estas lagunas de información puede ayudar a los planificadores urbanos a determinar qué estrategias de mitigación funcionarán mejor en cada comunidad.
Mack explicó que la mitigación del calor depende de cada contexto, lo que significa que una solución efectiva para el centro de la ciudad puede no funcionar en comunidades costeras o pequeños municipios del interior.
Berry señaló que los datos de Heat Risk Explorer ofrecen a los planificadores explicaciones científicas sobre qué estrategias son más adecuadas, creando una hoja de ruta para enfrentar el aumento de temperaturas con medidas adaptadas a cada comunidad.
Las ciudades suelen experimentar el llamado efecto isla de calor, fenómeno por el cual el pavimento y los edificios en zonas densamente urbanizadas absorben y retienen el calor solar, elevando significativamente las temperaturas, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Una forma de combatir este efecto consiste en utilizar recubrimientos reflectantes y superficies de colores más claros que reflejen la luz solar en lugar de absorberla.
“Hay muchas soluciones: diferentes tipos de pintura, distintos techos o campañas educativas que utilicen el arte para mostrar la cultura de una comunidad”, dijo Berry. “Las soluciones climáticas no tienen que ser aburridas”.
La colaboración climática también busca destacar una consecuencia de los desastres naturales que con frecuencia pasa desapercibida: la pérdida de identidad cultural.
“Uno de los grandes riesgos climáticos de los que rara vez hablamos es la pérdida de las culturas de nuestras comunidades”, dijo Berry. “Si un gran incendio forestal destruye muchas viviendas, no solo se pierden las casas; también se pierde la comunidad y su cultura”.
El objetivo de Shade SD es asegurar que las estrategias climáticas no solo protejan a las personas del calor extremo, sino que también ayuden a preservar el tejido social y cultural que define a las comunidades de San Diego.






