
El maleficio se ha roto y esta noche México no duerme: el Tri consumó un partido impecable venciendo a Ecuador 2 a 0 y avanzó a los octavos de final, manteniendo vivo el sueño del tan ansiado quinto partido.
Este duelo de dieciseisavos de final en el Mundial 2026 no era un partido cualquiera; era la posibilidad real de hacer historia. En las calles de Tijuana se respiraba el eterno ruego colectivo de “ojalá que esta vez sí” para no quedarse, como siempre, en el “ya mero”.
Por un momento los mexicanos de ambos lados de la frontera se olvidaron de todo: de las redadas, de los bajos salarios, de las amenazas de Trump de intervenir militarmente en México para combatir a los carteles. Hoy el país entero decidió olvidarse de todo para entregarse al milagro de la fe futbolera.
Y eso que el juego entre México y Ecuador se efectuó en medio de una gran tensión política entre los dos países, ya que las relaciones diplomáticas entre los dos países siguen rotas tras el asalto policial de 2024 a la Embajada mexicana en Quito —una afrenta que la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene bajo el escrutinio de la Corte Internacional de Justicia—, pero en la cancha de 2026, la única urgencia era derribar el histórico techo de cristal representado en el ansiado quinto partido.
La fiesta en Tijuana dio inicio desde temprano

La marea verde se movía con la cadencia de la euforia antes del pitazo inicial de las 7:00 p.m. Atrás quedaban las dudas sembradas ante Sudáfrica y Corea. El contundente 3 a 0 propinado a Chequia había disipado los fantasmas.
“Por lo menos un 3-0”, vaticinaba convencido Alejandro Cuéllar, residente de East Lake, mientras devoraba una rebanada de sandía con chile: “Les va a pesar el estadio, la altura y nuestra velocidad”, dijo, olvidando que los pupilos de Sebastián Beccacece están más que acostumbrados a los 2,850 metros de Quito.
Desde el banquillo rival, las quejas de Beccacece no se hicieron esperar, tronando contra la impuntualidad y la monumental serenata que la afición azteca les plantó la noche anterior al ritmo de Cielito Lindo y Caballo Dorado. “El que se lleva se aguanta”, soltaba entre risas una aficionada minutos antes de arrancar.
En el papel, el historial de 14 victorias mexicanas frente a solo 4 ecuatorianas alimentaba la ilusión de los jugadores al salir al estadio y observar la inmensidad verde que los rodeaba. La gente quería fiesta, alegría y, sobre todo, goles.
Queremos goles
Una vez iniciado el encuentro, los 90 minutos se convirtieron en un viaje a la gloria y un electrocardiograma colectivo. México arrancó con todo, jugando en campo ecuatoriano. Apenas a los 5 minutos, la grada ya exigía el ingreso de Mora: “Si Mora mete gol, tiembla Tijuana”, se escuchaba, justo antes de un disparo por encima del travesaño.
La ofensiva Tri insistía, pero tras una falla clara en el marco al minuto 7, el ambiente se tensó: “¡Sáquenlo! Goles que no se hacen, te los hacen”, dictaba el refrán popular entre el público que temía el “será como siempre”.
Tras el factor sorpresa inicial, al minuto 10:28 Ecuador respondió y un jugador rival cayó en el área, desatando los gritos de la tribuna: “¡se cayó solo, se movió el piso! ¡Sáquenle la roja!”. México rozó el gol a los 13 y a los 15 minutos con buenos intentos que hacían gritar a la gente. Ecuador milagrosamente se salvo una vez más al minuto 18, provocando alaridos en los aficionados.
Por fin cayeron los goles
En el minuto 22: Julián Quiñones abrió el marcador con un potente remate al ángulo tras un gran contragolpe, después en el
31 Raúl Jiménez puso el 2-0 definitivo aprovechando un error defensivo en la salida de Ecuador tras una gran combinación en el área.
Ismael Gutiérrez, vendedor de camisetas llego desde Sonora a vender en Tijuana. Durante todo el partido contuvo el aliento pensando en que si se perdía el juego, lo más probable es que no podría vender las más de mil camisetas de la selección que tenía en venta en un puesto callejero.
Al final, después de un final agónico en el que Ecuador intentó to todo, sonó el silbatazo final, estallando en gritos la multitud estimado en mas de 15,000 personas.
“Ahora sí, directos al campeonato!”, gritaba Gregorio junto a su esposa Eloísa que llegaron desde Irvine para presenciar en México el partido. “Fue algo increíble, lo voy a recordar toda la vida”, dijo Eloísa, mientras mostraba orgullosa su camiseta tricolor.
Andrea y sus amigas, que viajaron desde el Condado de Orange, brincaban abrazadas celebrando que, por unas horas, el universo fue perfecto y el quinto partido ya no es un mito.
Todo indica que Inglaterra será el rival de México, pero no hay que pensar en eso. Hoy es día de celebrar. De seguro México no dormirá y cuando lo haga, soñará en grande.






