Vigilia por Graciela Asunción Gómez Hernández, quien murió detrás de las cruces en una zona de la frontera cercana a Tijuana, el miércoles 16 de septiembre de 2026, en San Diego, California. (Fotografía de Annie Barker/Stocktonia/CatchLight Local/Report for America).

Cuando José Morales Bernal cruzó la frontera hacia Estados Unidos el 8 de abril de 2024, un día antes de cumplir 32 años, debió haberse activado una cadena de alertas tecnológicas y respuestas humanas.

Mientras caminaba por el desierto del sur de Nuevo México aquella mañana, se encontraba dentro del alcance de tres torres de vigilancia. Recién instaladas por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), estas torres fueron construidas por la empresa de tecnología de defensa Anduril y estaban equipadas con cámaras e inteligencia artificial para detectar y rastrear automáticamente a las personas.

Las torres transmiten video en vivo a centros de control cercanos y pueden enviar alertas a los teléfonos inteligentes proporcionados por el gobierno a los agentes que se encuentran en la zona, lo que motiva al agente disponible más cercano a responder.

Este reportaje es una colaboración entre Times of San Diego y MIT Technology Review. Durante el último año, periodistas de ambas redacciones examinaron las fallas de la tecnología de vigilancia fronteriza y documentaron las historias de las personas que mueren en las zonas fronterizas.

Estas torres equipadas con inteligencia artificial están diseñadas para brindar una mayor visibilidad a lo largo de las 1,951 millas de la frontera sur, liberando a los agentes fronterizos de tener que pasar horas observando monitores de video. Fueron instaladas en este lugar específico para detectar a quienes cruzan la frontera antes de que llegaran a la cercana ciudad de Sunland Park.

Si el sistema hubiera funcionado como estaba previsto, Morales debería haber sido detenido. Y si hubiera necesitado atención médica, los agentes estaban capacitados para brindársela.

Vista desde el punto de coordenadas donde se encontró un cuerpo hacia la Torre de Vigilancia 022 de la Patrulla Fronteriza, a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México en Sunland Park, Nuevo México. (Fotografía de Cengiz Yar para MIT Technology Review).

Eso no ocurrió. A pesar de la presencia de las torres de vigilancia cercanas, fueron empleados del basurero local, y no la Patrulla Fronteriza, quienes vieron por primera vez a Morales esa mañana. A la 1 p.m., los trabajadores lo volvieron a ver, esta vez tendido sobre la arena. A las 4 p.m., al notar que no se había movido, llamaron a la Patrulla Fronteriza.

Los agentes llegaron 45 minutos después. Morales estaba muerto.

Cuando un agente llamó posteriormente al 911 para reportar el hallazgo del cuerpo, dijo que se trataba “probablemente de uno de los migrantes que cruzan por ahí”, aparentemente sin saber que Morales había estado desplazándose cerca de los sistemas de vigilancia de la agencia más temprano ese mismo día.

911 audio: Se puede escuchar a un agente mostrando dudas sobre la ubicación de Morales, a pesar de la cercanía de una cámara de vigilancia impulsada por inteligencia artificial. La llamada ha sido editada por razones de duración.

Morales murió a tan solo 360 pies (unos 110 metros) de la torre de vigilancia más cercana. Otras dos torres vigilaban la zona hacia el este y el oeste. Posteriormente, una autopsia concluyó que había fallecido por “exposición a las condiciones ambientales”.

Las torres que rodeaban a Morales eran apenas la incorporación más reciente al “muro virtual” que el gobierno ha invertido 25 años y miles de millones de dólares en construir a lo largo de toda la frontera. Este sistema también incluye generaciones anteriores de torres con funciones más básicas, además de dirigibles, drones, sensores sísmicos e incluso robots capaces de detectar túneles.

En conjunto, toda esta tecnología proporciona “vigilancia persistente” y “conciencia situacional para ayudar a la Patrulla Fronteriza a detectar de manera rápida y precisa a las personas que cruzan la frontera y, lo más importante, garantizar que los agentes sean enviados para interceptarlas. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) también ha atribuido a estas tecnologías el haber salvado vidas.

MIT Technology Review, foto cortesía de Mireya Morales.

Pero una investigación pionera de MIT Technology Review revela que muertes como la de Morales son sorprendentemente comunes.

Cruzamos información de casi 4,000 ubicaciones donde se encontraron restos humanos, obtenida de registros recopilados por organizaciones sin fines de lucro como No More Deaths y Humane Borders, así como de cientos de expedientes que obtuvimos en Texas, con datos sobre casi 600 torres de vigilancia identificadas por la Electronic Frontier Foundation. Consideramos cuándo fueron instaladas las torres y cuándo se estima que murió cada persona, y combinamos esa información con trabajo de campo a lo largo de la frontera.

El resultado es el primer mapa y análisis integral de las muertes ocurridas cerca de torres de vigilancia de la CBP.

Nuestra investigación muestra que la crisis humanitaria en la frontera se ha desarrollado a la vista de las propias cámaras del gobierno.

Encontramos que más de 1,050 personas murieron dentro del alcance de torres de vigilancia fronteriza entre 2015 y principios de 2026. Estas muertes no son el resultado de fallas en unas cuantas torres o tecnologías. Hallamos fallecimientos dentro del alcance anunciado de casi dos terceras partes de todas las torres que analizamos.

Nuestro análisis topográfico, que evaluó hasta qué punto el terreno podría bloquear la vista de una torre hacia un lugar donde ocurrió una muerte y hacia su área de vigilancia en general, encontró que algunas torres tienen visibilidad sobre apenas el 10 % de su área de vigilancia anunciada. Sin embargo, también descubrimos que la mayoría de las muertes no ocurrieron en puntos ciegos de las torres.

Además, encontramos que estas muertes no son producto únicamente de sistemas antiguos. Según nuestras estimaciones, más de 110 personas han muerto dentro del alcance de las modernas torres autónomas de Anduril, uno de los sistemas más avanzados desplegados por la CBP, desde 2021.

En conjunto, el panorama revela fallas reiteradas en una de las funciones básicas de seguridad del muro virtual, tal como la propia CBP la ha descrito en comunicados de prensa: identificar y localizar de manera eficaz a los migrantes que ingresan ilegalmente a Estados Unidos.

El año en que murió Morales, otras 18 personas fallecieron en ese mismo tramo de desierto, dentro del alcance de las tres torres de Anduril. Cinco de ellas eran visibles desde la misma torre de vigilancia más cercana al lugar donde fue encontrado su cuerpo.

Según registros obtenidos de la oficina del médico forense, un hombre que había caminado alrededor de una milla después de cruzar la frontera y que se encontraba dentro del alcance de dos torres con inteligencia artificial arrastró a su hermano de 30 años hacia una zona de sombra cuando este comenzó a tener dificultades para respirar. Ambos fueron detectados por la Patrulla Fronteriza únicamente cuando el hombre logró hacer señas a un helicóptero para pedir ayuda. Para cuando los agentes llegaron, su hermano ya había muerto.

Una mujer de 24 años falleció cerca de otra torre de Anduril, donde nuestro análisis del terreno mostró que la torre debería haber tenido una vista despejada de su ubicación. Su cuerpo permaneció sin ser detectado durante semanas; cuando finalmente fue encontrado por agentes que patrullaban la zona, estaba en descomposición y marcado por las altas temperaturas del verano.

A unas pocas millas hacia el oeste, y a poca distancia en automóvil de una estación de la Patrulla Fronteriza, otras cuatro torres de inteligencia artificial vigilaban el área. Cerca de ellas, ese mismo año se encontraron 10 cuerpos más, todos en lugares donde al menos una de las torres tenía una visión clara.

Un mapa muestra las ubicaciones de restos humanos y cámaras de vigilancia a lo largo de toda la frontera. (¿El mapa no carga? Haga clic aquí).

En respuesta a una lista de preguntas, un portavoz de Anduril respondió que, una vez que una torre es entregada, su operación queda en manos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), y remitió a la agencia las preguntas relacionadas con incidentes específicos. La respuesta señaló que el hecho de que un incidente ocurra cerca de una torre no significa necesariamente que esta no haya detectado actividad, y añadió que los alcances reales de vigilancia varían según el terreno, los obstáculos físicos y los límites que la CBP establece sobre el área que la torre debe observar (la CBP puede establecer límites virtuales en el campo de visión de las torres por razones de privacidad y otros motivos). El portavoz de Anduril también alegó que existían inexactitudes en nuestro reportaje debido a dichos límites y obstáculos, pero no respondió a preguntas posteriores sobre qué información era incorrecta.

La pregunta más importante en cualquier muerte ocurrida cerca del muro virtual es si las autoridades sabían que alguien estaba allí y no lograron llegar a tiempo, o si ni siquiera eran conscientes de que alguien estaba cruzando. Cualquiera de las dos situaciones representa una falla del sistema. Además, las muertes que identificamos reflejan únicamente los fracasos que dejaron algún rastro documental; no sabemos cuántas personas cruzan sin ser detectadas ni cuántos cuerpos permanecen sin ser descubiertos.

Las entrevistas realizadas a más de 45 personas, entre ellas asesores actuales y anteriores de la Casa Blanca, funcionarios nombrados por distintos presidentes, agentes de la Patrulla Fronteriza, médicos forenses, alguaciles, voluntarios humanitarios y empleados de empresas tecnológicas, mostraron que ambos tipos de fallas están ocurriendo: la tecnología no detecta a algunas personas y, en otros casos, los agentes no responden. Ambas situaciones evidencian los límites de intentar resolver un problema complejo únicamente mediante tecnología.

Los hallazgos revelan problemas hasta ahora no reportados con el muro virtual, incluso cuando sigue gozando de amplio respaldo político y de un aumento en el gasto federal. Los partidarios de una política fronteriza más estricta lo han considerado durante mucho tiempo una herramienta adicional para detener a traficantes de drogas o personas, mientras que otros lo presentan como una alternativa más económica a un muro físico. En 2023, el gobierno estimó que sus planes para utilizar las torres, que actualmente suman 803 unidades, costarían 6,200 millones de dólares a lo largo de su vida útil. Con los niveles históricos de financiamiento asignados en 2025, la CBP planea invertir 1,000 millones de dólares para instalar 1,497 torres adicionales para 2034.

Sin embargo, nuestro reportaje muestra que la CBP ha hecho poco por evaluar qué tan bien están funcionando sus torres o cuántas personas han muerto en las zonas que estas vigilan.

Funcionarios que supervisaron la seguridad fronteriza durante las últimas cuatro administraciones presidenciales nos dijeron que creían que las muertes cerca del llamado muro virtual eran extremadamente raras o incluso inexistentes. Ninguno pudo señalar un análisis comparable realizado por el propio gobierno. Exagentes y exfuncionarios también afirmaron que, cuando se encuentra un cuerpo, la CBP no lleva a cabo una investigación formal para determinar si los sistemas de vigilancia deberían haber detectado a esa persona o, si efectivamente fue detectada, por qué los agentes no lograron llegar antes de que muriera.

En respuesta a cerca de 30 preguntas sobre nuestros hallazgos, que abarcaron múltiples generaciones de tecnología, Hilton Beckham, subcomisionado de asuntos públicos de la CBP, declaró:

“Las torres autónomas de vigilancia utilizan inteligencia artificial para detectar y clasificar personas, vehículos y animales, y alertar a los agentes de la Patrulla Fronteriza sobre actividades en las áreas monitoreadas. Las torres autónomas complementan las barreras físicas y otras infraestructuras de seguridad fronteriza al mejorar la detección y la conciencia situacional entre los puertos de entrada. La CBP evalúa esta tecnología en función de su impacto en la detección, la coordinación de respuestas, la seguridad de los agentes y los resultados operativos”.

“Estoy seguro de que las cámaras y otros recursos de vigilancia sí proporcionan información útil y mejoran la eficacia operativa en algunos lugares, bajo algunas condiciones y en determinadas circunstancias”, dijo Geoff Boyce, profesor asistente de Geografía en University College Dublin y estudioso de la tecnología de vigilancia utilizada en la frontera sur de Estados Unidos. “También estoy absolutamente convencido, porque así lo demuestra el historial, de que no están proporcionando el nivel de apoyo operativo, información o eficacia que afirman las empresas que desarrollan estas infraestructuras, ni tampoco la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Seguridad Nacional”.

También contactamos a varios legisladores de ambos partidos y les proporcionamos un resumen de nuestros hallazgos. En respuesta, Delia Ramírez, demócrata que representa al Tercer Distrito de Illinois y forma parte del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, declaró:

“Las tecnologías de vigilancia impulsadas por inteligencia artificial no nos están haciendo más seguros. Sin embargo, el Departamento de Seguridad Nacional sigue gastando millones de dólares de los contribuyentes en estas tecnologías ineficaces y negligentes, sin ningún compromiso con la supervisión o la transparencia. Está claro que debemos poner fin al programa de Torres Integradas de Vigilancia de la CBP y desmantelar el Departamento de Seguridad Nacional”.

Más contenido de esta colaboración:

Del Times of San Diego: She died at the San Diego border. A surveillance camera was in plain sight

De MIT Technology Review: New ideas that would change the pattern

Desde sus primeros esfuerzos por vigilar la frontera con México, el gobierno de Estados Unidos se ha enfrentado al mismo desafío fundamental: ¿cómo asegurar de manera efectiva casi 2,000 millas de terreno remoto y escarpado? Con el paso del tiempo, ha recurrido cada vez más a la tecnología en busca de respuestas.

Gerardo Galván se incorporó a la Patrulla Fronteriza en 1995, cuando el gobierno emprendía una expansión sin precedentes de la vigilancia fronteriza. En 1993, durante el primer año de la presidencia de Bill Clinton, la agencia desplegó grandes cantidades de agentes para resguardar las zonas urbanas de la frontera, comenzando en El Paso, Texas. Esto empujó más cruces hacia áreas rurales y despobladas, que rápidamente demostraron ser mucho más mortales debido al terreno desértico accidentado, las temperaturas extremas, la escasez de agua y las largas rutas indirectas utilizadas con frecuencia por los traficantes de personas.

Detener estos cruces remotos representó un nuevo desafío para las fuerzas del orden, especialmente debido a la limitada tecnología disponible en aquella época.

“Teníamos radios”, recuerda Galván, quien más tarde se convertiría en jefe de operaciones del sector de El Paso. “No teníamos los teléfonos celulares ni los sistemas GPS con los que cuentan hoy los agentes”.

Los agentes dependían de sensores subterráneos heredados de la Guerra de Vietnam para alertarlos sobre movimientos en la zona.

El mayor despliegue tecnológico de los primeros años de la carrera de Galván comenzó alrededor de 1998. Fue entonces cuando la Patrulla Fronteriza empezó a instalar sus primeras cámaras de video con capacidad de movimiento y acercamiento remoto. Estas cámaras se montaban en estructuras metálicas similares a torres de telefonía celular, de entre 60 y 80 pies de altura, o sobre edificios en zonas urbanas.

“Por primera vez, alguien sentado en una sala de control podía vigilar grandes extensiones de territorio sin depender de enviar a un agente al lugar con binoculares”, explicó Matthew Hudak, exsubjefe de la Patrulla Fronteriza que en ese momento trabajaba como agente en primera línea. “Fue un cambio radical y, en gran medida, un avance enorme, enorme”.

Esta primera versión del muro virtual representó un paso importante. Durante sus primeros ocho años, se instalaron 200 torres a lo largo de la frontera sur con un costo superior a 429 millones de dólares. Sin embargo, las fallas del sistema eran evidentes para quienes lo utilizaban.

“Podía haber… 30 pantallas en una pared”, señaló Mark Borkowski, quien estuvo a cargo de la contratación de la CBP, incluido el programa de torres de vigilancia.

Cada cámara podía tener capacidad para observar entre tres y cinco millas en cualquier dirección. Se esperaba que un agente vigilara todo ese espacio, una superficie de más de 850 millas cuadradas.

“Bueno, ¿cuáles son las probabilidades de que, después de 20 minutos, esos agentes de la Patrulla Fronteriza detectaran algo ocurriendo en una de esas pantallas?”, preguntó Borkowski. “Prácticamente cero”.

Cuando comenzaron a instalarse estas cámaras, el plan era complementarlas eventualmente con un sistema que las dirigiera automáticamente hacia los lugares donde los sensores detectaran actividad, de modo que los agentes supieran exactamente dónde observar. Sin embargo, para 2005, el inspector general del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) señaló que eso aún no se había concretado y que las actividades ilegales podían pasar inadvertidas a menos que los agentes estuvieran vigilando activamente las cámaras.

A pesar de ello, se instalaron más torres, formando lo que hoy se conoce como el Sistema Remoto de Vigilancia por Video (RVSS, por sus siglas en inglés). En 2013, el gigante de defensa General Dynamics obtuvo un contrato por hasta 103 millones de dólares para modernizar y ampliar el RVSS a lo largo de la frontera, convirtiéndose en el principal contratista detrás del sistema que sigue utilizándose actualmente. (Ese contrato terminó ampliándose hasta un límite de 216 millones de dólares, y la empresa recibió otro contrato en 2023 por un valor de hasta 135 millones de dólares).

General Dynamics instalaría más cámaras, sensores mejorados y torres adicionales. Pero el problema identificado casi 15 años antes seguía sin resolverse. Era un problema de sobrecarga de información.

Un agente relató a MIT Technology Review un incidente ocurrido en San Diego en el que las cámaras captaron a un grupo de 30 personas cruzando la frontera y siendo recogidas por una camioneta, sin que el agente encargado de monitorear las cámaras se percatara de ello.

Los agentes afirmaron que el muro virtual estaba incorporando a la vigilancia más territorio del que razonablemente podían observar o al que podían responder.

Además, la sala de monitoreo era el trabajo que nadie quería desempeñar.

Los nuevos agentes de la Patrulla Fronteriza, a menudo de poco más de 20 años, quieren estar afuera conduciendo camionetas todoterreno o vehículos ATV, no sentados en una habitación oscura observando pantallas, aunque la expansión del muro virtual exigía cada vez más que alguien realizara precisamente esa tarea.

“Cuando alguien está lesionado y no puede salir al campo, lo enviamos a la sala de cámaras”, dijo Rafael Reyes, quien estuvo a cargo de la estación de la Patrulla Fronteriza en Deming, Nuevo México, hasta 2024.

Reyes señaló que, además, era un trabajo que con frecuencia sus agentes estaban demasiado ocupados para realizar correctamente.

El área bajo responsabilidad de su estación contaba con unas 30 cámaras, y los agentes encargados de ellas también debían monitorear alertas de sensores y tráfico de radio, realizar verificaciones de antecedentes y coordinarse con otros agentes.

“Y luego, si les queda tiempo, monitorean las cámaras”, afirmó.

No solo eso: muchas cámaras no funcionaban.

En la estación de Reyes, en Nuevo México, cinco de las 30 cámaras estaban averiadas en cualquier momento dado, según explicó. Otras tenían funcionalidades limitadas; podían observar solo en una dirección o funcionar únicamente durante el día.

Jaime Fierro, un exagente que trabajó en el sector de Laredo, Texas, hasta 2025, dijo que las torres averiadas estaban afectando gravemente la moral de los agentes y que el tema surgía en todas las reuniones de personal.

“Era básicamente como tener un ojo cerrado en la frontera”, afirmó.

No eran los únicos preocupados. En 2024, integrantes del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes escribieron que más del 66 % de las torres de primera generación de la Patrulla Fronteriza eran inutilizables, pese a contar con presupuestos operativos anuales de entre 50 y 100 millones de dólares.

En enero de 2026, el 30 % seguía fuera de servicio, según informó a MIT Technology Review un asesor legislativo del Congreso.

En 2020, se estimó que el programa RVSS tendría un costo total de 3,700 millones de dólares.

Aun así, la Patrulla Fronteriza ha atribuido públicamente a estas cámaras la salvación de vidas humanas.

La agencia ha publicado decenas de comunicados de prensa, algunos desde 2016, sobre casos en los que agentes acudieron al rescate de personas en peligro detectadas por las cámaras remotas de vigilancia.

Sin embargo, pese a esos éxitos publicitados, los cuerpos comenzaron a acumularse, sin ser detectados, bajo la atenta mirada de estos sistemas de vigilancia.

Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos brindan asistencia médica a un hombre en el Valle del Río Grande, cerca de McAllen, Texas, el 13 de junio de 2019. El migrante fue trasladado en ambulancia a un hospital local para recibir tratamiento adicional. (Fotografía de Mani Albrecht/Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos).

Cerca de El Cenizo, Texas, existe una extensión de aproximadamente 13 millas cuadradas cubierta de matorrales de mezquite y pastizales que la Oficina del Sheriff del Condado de Webb describe como una zona que incluye partes de los ranchos Hachar y Espejo. El área está rodeada por siete sistemas RVSS (Sistema Remoto de Vigilancia por Video).

Aun así, se convirtió en un punto crítico de muertes. MIT Technology Review encontró que 19 personas murieron allí, entre ellas un hombre que falleció a menos de 500 pies de una carretera que bordea los ranchos y a media milla de dos escuelas.

En cada uno de estos casos, los informes que obtuvimos mediante solicitudes de acceso a registros públicos indican que las autoridades solo supieron de estas personas después de que se descubrieron sus cuerpos o mediante llamadas al 911 que reportaban su desaparición, y no como resultado de la tecnología de vigilancia fronteriza instalada en el Rancho Hachar.

En respuesta a una lista de preguntas sobre sus torres y estos incidentes específicos, General Dynamics nos remitió a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP). Por su parte, la CBP no respondió a ninguna de nuestras preguntas relacionadas con las torres del sistema RVSS.

Daniel Lenda y Eloah Lenda, 2 años

FECHAS DE HALLAZGO: 18/03/2022 y 22/03/2022

En marzo de 2022, una familia brasileña intentó cruzar el Río Grande cerca de Del Rio, Texas. Daniel Lenda llevaba sobre los hombros a su hija de dos años, Eloah, cuando cayó al río. Su esposa, Thais Natali Montenegro Lenda, de 23 años, logró rescatar a la pequeña, que estaba inconsciente, pero solo pudo observar cómo su esposo desaparecía bajo el agua.

A pesar de encontrarse a menos de media milla de tres torres distintas del sistema de vigilancia remota por video (RVSS), Montenegro tuvo que caminar alrededor de un tercio de milla hasta el puente Del Rio-Acuña para buscar ayuda. Finalmente logró llamar la atención de un agente de la Patrulla Fronteriza, quien le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) a Eloah, pero no pudo salvarle la vida.

El cuerpo de Daniel fue encontrado varios días después.

Posteriormente, un alguacil que participó en la investigación declaró que un operador de cámaras de la Patrulla Fronteriza había visto a la familia caer al agua. Sin embargo, la Patrulla Fronteriza no le proporcionó una copia de las grabaciones solicitadas para la investigación. (La CBP no respondió a nuestras preguntas sobre este incidente).

Félix Meléndez Grande, 33 años

FECHA DE HALLAZGO: 15/08/2021

El 15 de agosto de 2021, Félix Meléndez Grande, un hombre de 33 años originario de Nicaragua, llamó al 911 en busca de ayuda. Se encontraba en Estados Unidos, justo al otro lado de la frontera entre Arizona y México, a menos de 1.5 millas de tres sistemas de vigilancia remota por video (RVSS), con línea de visión hacia los tres.

Cuando la Patrulla Fronteriza logró llegar hasta él, en un momento que no ha sido precisado, Félix ya sufría un golpe de calor severo. Como señalaría posteriormente el informe del médico forense, para entonces no sabía cuánto tiempo había permanecido expuesto a la intemperie ni podía responder con claridad a muchas otras preguntas.

Fue trasladado a un hospital, donde murió cuatro días después.

Claudia Pineda Sarmiento y María Sánchez Pineda, 10 años

FECHA DE HALLAZGO: 25/08/2021

Claudia Pineda Sarmiento se encontraba a unas siete millas de la frontera en Arizona, no muy lejos de las orillas del Río Colorado y de campos agrícolas que se extendían en dirección opuesta, cuando la batería de su teléfono se redujo al 3 %. Viajaba con su hija de 10 años, María Sánchez Pineda, y su hijo de 22 meses. La temperatura superaba los 110 grados Fahrenheit (43 °C) y estaban perdidos.

Claudia llamó al 911.

De acuerdo con reportes periodísticos de la época, informó a los operadores de emergencia que estaba a punto de desmayarse. En la llamada también se escuchó a una niña cercana decir entre lágrimas: “Tengo hambre”.

Era una zona remota, como señalaron esos reportes, pero no una zona sin vigilancia.

La carretera que corre de norte a sur, a menos de una milla al este de la familia, estaba rodeada por sistemas de vigilancia remota por video (RVSS), algunos separados por apenas dos millas entre sí. La torre más cercana estaba a menos de una milla de distancia y la familia se encontraba dentro del alcance de hasta siete torres.

Según el análisis realizado para esta investigación, todas esas torres tenían una línea de visión despejada hacia el lugar donde se encontraba la familia.

Cuando la ayuda llegó dos horas después, Claudia y María ya habían muerto.

Los socorristas encontraron con vida al hijo menor de Claudia, de apenas 22 meses, junto a sus cuerpos.

Samuel Villegas Pérez, 20 años

FECHA DE HALLAZGO: 06/09/2024

En septiembre de 2024, Samuel Villegas Pérez, de 20 años y originario de Oaxaca, México, cruzó la frontera hacia Estados Unidos a través del área silvestre de Otay Mountain con la esperanza de ganar suficiente dinero para comprar equipo de quiropráctica y abrir un negocio en su comunidad de origen.

Para cuando sufrió una caída y se lesionó un pie, a menos de una milla del muro fronterizo, Samuel llevaba más de 24 horas caminando en medio de una ola de calor, con temperaturas que alcanzaban los 100 grados Fahrenheit (38 °C).

El grupo con el que viajaba continuó su camino, pero uno de sus integrantes llamó a la familia de Samuel y les proporcionó sus coordenadas.

A pesar de los intentos de la Oficina del Sheriff del Condado de San Diego por localizarlo mediante helicóptero, finalmente fue encontrado por una brigada voluntaria de búsqueda y rescate que caminó hasta su ubicación.

Cuando los voluntarios lo localizaron aquella tarde en un pequeño claro sobre una cresta montañosa, Samuel ya había muerto.

Samuel se encontraba a media milla de una torre autónoma de vigilancia de Anduril, a 1.4 millas de una segunda torre de Anduril y a 2.8 millas de una torre RVSS de General Dynamics.

Sin embargo, estaba ubicado dentro de los puntos ciegos de los tres sistemas de vigilancia.

César Perea Itzincab, 31 años

FECHA DE HALLAZGO: 03/10/2022

El 3 de octubre de 2022, el cuerpo de César Perea Itzincab, de 31 años, fue encontrado cerca del muro fronterizo en las inmediaciones de Sunland Park, Nuevo México, por agentes de la Patrulla Fronteriza que realizaban labores de patrullaje en vehículos todoterreno (ATV).

César se encontraba a apenas 1.5 millas de una torre autónoma de vigilancia de Anduril y dentro de la línea de visión de su cámara.

Los agentes estaban siguiendo a otro grupo cuando detectaron huellas en la arena del desierto. Al seguir el rastro, llegaron hasta los restos de Perea.

Las huellas terminaban a pocos pies de su cuerpo, lo que sugiere que pudo haberse arrastrado los últimos metros hasta el lugar donde finalmente murió.

El avanzado estado de descomposición de los restos indicó que César había fallecido al menos una semana antes de ser encontrado.

Graciela Gómez Hernández, 30 años

FECHA DE HALLAZGO: 04/10/2025

El 14 de septiembre de 2025, Graciela Gómez Hernández, una mujer mexicana de 30 años, cruzó a Estados Unidos desde Tijuana. Esa tarde informó a su familia que ya no podía seguir caminando, y sus mensajes de voz se interrumpieron repentinamente.

Su familia contactó a un grupo voluntario de búsqueda y rescate, pero no recibió las coordenadas exactas de Graciela por parte del traficante que la guiaba hasta principios de octubre.

Cuando los voluntarios intentaron localizarla, se les impidió el acceso porque el camino necesario para llegar hasta ella estaba cerrado.

El 3 de octubre, otros grupos de voluntarios intentaron negociar directamente con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) para obtener acceso a la zona. Poco después, la CBP coordinó con la oficina local del sheriff para recuperar el cuerpo.

Los agentes llegaron hasta sus restos al día siguiente, a menos de una milla de una torre del sistema de vigilancia remota por video (RVSS).

Según el informe del médico forense, el cuerpo se encontraba en estado de esqueletización y no estaba completo. Había fragmentos óseos dispersos en el área y marcas de mordeduras en las costillas, lo que sugiere que un animal llegó hasta los restos antes de que fueran encontrados.

Juan Trejo Alonso, 16 años

FECHA DE HALLAZGO: 08/10/2021

Alrededor de las 10 p.m. del 7 de octubre de 2021, Juan Trejo Alonso, de 16 años, caminaba con un grupo por el desierto del sur de Arizona cuando comenzó a sentirse mal y se sentó.

La mayor parte del grupo continuó avanzando, aunque al menos una persona se quedó con él e intentó detener vehículos en la carretera para pedir ayuda.

Grabaciones del centro local de emergencias muestran que dos personas llamaron al 911 varias veces en nombre de Juan entre las 9:55 p.m. y las 11 p.m., proporcionando su ubicación exacta: “200 metros al sur de la carretera 80, en el marcador de milla 384”.

Según el testimonio de uno de los llamantes, Juan podría haber sido mordido por una serpiente de cascabel y estaba sufriendo convulsiones.

La operadora, señalando que Juan probablemente era “un inmigrante indocumentado”, notificó a la Patrulla Fronteriza.

A las 10:21 p.m., la despachadora volvió a comunicarse con la CBP para preguntar si habían enviado ayuda, pero la agencia respondió que no lo había hecho, pese a que anteriormente había sugerido que intentaría hacerlo.

La falta de coordinación provocó que los servicios médicos de emergencia (EMS) tampoco estuvieran aún en camino.

Finalmente, una ambulancia llegó hasta Juan a las 10:53 p.m.

Fue trasladado a un hospital local, donde ingresó alrededor de las 12:30 a.m.

Los intentos por reanimarlo no tuvieron éxito.

El informe médico señaló que la causa de muerte fue hipertermia.

Juan murió dentro del alcance de vigilancia de dos Torres Fijas Integradas (IFT), aunque se encontraba en los puntos ciegos de ambas.

Sin identificar

FECHA DE HALLAZGO: 13/03/2021

El 13 de marzo de 2021, se encontraron restos óseos en el extremo noroeste del Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, en el suroeste de Arizona, a 18 millas al norte de la frontera entre Estados Unidos y México.

Los médicos forenses no pudieron determinar el sexo de la persona fallecida, aunque estimaron que había muerto entre seis y ocho meses antes del hallazgo.

Los restos fueron encontrados a aproximadamente 3.7 millas de una Torre Fija Integrada (IFT) de Elbit. Esta distancia se encuentra dentro del alcance de vigilancia anunciado para la torre y, según el análisis realizado, el lugar tenía una línea de visión despejada hacia el sistema.

El análisis de imágenes satelitales muestra que esta torre en particular ya estaba instalada desde abril de 2019.

Este caso forma parte de un total de 66 cuerpos sin identificar incluidos en la base de datos de esta investigación.

En algunos casos, la identidad de la persona no pudo establecerse debido al estado de los restos. En otros, es posible que la identificación sí se haya logrado, pero que esa información no estuviera incluida en los registros divulgados públicamente.

José Morales Bernal, 31

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 8/4/2024

José Morales Bernal murió el 8 de abril de 2024, un día antes de cumplir 32 años.

Había estado viajando con un tío, pero cuando fue visto esa mañana cerca de un vertedero en Sunland Park, Nuevo México, por empleados del basurero, estaba solo. A la 1 p.m., los trabajadores lo vieron acostado en el suelo, aproximadamente a 360 pies de la torre autónoma de vigilancia Anduril más cercana, y asumieron que estaba dormido.

Alrededor de las 4 p.m., el personal del vertedero volvió a verlo y llamó a la estación de la Patrulla Fronteriza de El Paso, cuyos agentes respondieron 45 minutos después. Para entonces, ya había fallecido. La autopsia concluyó posteriormente que murió por “exposición ambiental”.

A José le sobreviven sus padres, cuatro hermanos y tres hijos, la mayor de los cuales acaba de cumplir 15 años. Su plan era regresar para la fiesta de quinceañera de su hija mayor.

“Quería hacerle una fiesta bonita, con todo lo necesario, porque… en nuestra comunidad los recursos son escasos”, dijo su hermana Mireya a MIT Technology Review.

Martín Zamora Pastrana, 33

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 20/4/2022

El 20 de abril de 2022, Martín Zamora Pastrana, de 33 años, fue encontrado muerto junto a una cerca de alambre metálico dentro de los límites de un rancho privado en el desierto de Sonora, Arizona. Los investigadores médicos creen que murió ese mismo día y determinaron que la causa de su muerte fue hipertermia.

Su cuerpo fue localizado a poco más de un cuarto de milla de una torre integrada fija (IFT) y a unas seis millas, justo dentro de su alcance máximo, de otra IFT. Nuestro análisis topográfico concluye que ambas torres tenían una línea de visión despejada hacia el lugar donde se encontraba. Una tercera IFT no podía verlo debido a un punto ciego.


Marlene Leyva Pérez, 26

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADA: 19/5/2023

El 19 de mayo de 2023, Marlene Leyva Pérez, una mexicana de 26 años, fue encontrada en el desierto, a apenas 100 metros detrás del Doña Ana Community College, en Sunland Park, Nuevo México.

Dos niños de la zona habían visto a Marlene debajo de un árbol el día anterior; pensaron que simplemente estaba dormida. Cuando volvieron a ver su cuerpo al día siguiente, una de las niñas avisó a sus padres, quienes regresaron al lugar. Al encontrar los restos de Marlene, llamaron al 911.

Para entonces, el cuerpo se encontraba en un avanzado estado de descomposición, lo que hizo imposible determinar cuándo había fallecido. La autopsia indicó como causa de muerte la exposición ambiental.

Fue encontrada a 1.38 millas de una torre autónoma de vigilancia Anduril y dentro del alcance de varios sistemas remotos de videovigilancia, aunque la visibilidad desde esas torres estaba bloqueada por el terreno.


Aldo Hernández Ruiz, 30

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 1/6/2024

Aldo Hernández Ruiz, de 30 años, y su hermano Luis (edad desconocida) cruzaron la frontera el 1 de junio de 2024 a las 5 p.m., cerca de Sunland Park, Nuevo México.

Habían caminado con un grupo durante apenas 25 minutos cuando Aldo, que padecía asma, comenzó a sentirse mal y tuvo dificultades para respirar. Luis le ayudó a usar su inhalador antes de que Aldo se desmayara sobre la arena. Luis arrastró a su hermano hasta debajo de un arbusto para darle sombra y pasó más de 25 minutos intentando conseguir ayuda: llamó a sus padres en México, llamó varias veces al 911 e incluso trató de hacer señales a un helicóptero que pasaba.

Finalmente, Luis logró detener a agentes de la Patrulla Fronteriza que patrullaban la zona, quienes llegaron hasta Aldo a las 6 p.m. El agente no pudo encontrarle pulso y ni él ni su compañero intentaron practicarle maniobras de resucitación cardiopulmonar. Posteriormente, el forense registró oficialmente la hora de muerte de Aldo a las 8:45 p.m.

El lugar hasta donde Luis arrastró a Aldo estaba a unas 500 yardas de una torre autónoma de vigilancia Anduril y a 1.2 millas de otra. Los hermanos habían recorrido aproximadamente una milla al norte de la frontera, aunque el sitio donde murió Aldo se encontraba en el punto ciego de ambas torres.


Bernardo Romero Díaz, 41

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 20/6/2024

Los restos de Bernardo Romero Díaz fueron encontrados el 20 de junio de 2024 cerca de un vertedero en las afueras de Sunland Park, Nuevo México. Se encontraba dentro del alcance de dos torres autónomas de vigilancia Anduril y tenía una línea de visión despejada hacia una de ellas, la torre AST que registra el mayor número de muertes dentro de su rango de cobertura.

Agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) estaban siguiendo a un grupo de personas que creían que eran migrantes, pero que en realidad eran empleados del vertedero. Cuando los agentes lograron alcanzarlos, los trabajadores les informaron sobre un cuerpo parcialmente momificado que habían encontrado. Era Romero.


Salvador Miranda Cortes, 56

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 25/6/2024

El 25 de junio de 2024, el cuerpo de Salvador Miranda Cortes, un mexicano de 56 años, fue encontrado cerca de Sunland Park, Nuevo México, por un agente de la Patrulla Fronteriza que buscaba a otra persona desaparecida. El informe del médico forense concluyó posteriormente que llevaba tres días muerto.

Salvador fue hallado con una botella de electrolitos, un teléfono celular y una cartera que contenía fotografías de su familia. Estaba a 1.1 millas de una torre autónoma de vigilancia Anduril con una línea de visión completamente despejada.


Lauzerico Ferreira, 43

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 28/6/2021

El 28 de junio de 2021, menos de dos meses después de haber partido de su natal Minas Gerais, Brasil, con destino a Estados Unidos, el cuerpo de Lauzerico Ferreira, de 43 años, fue encontrado en el desierto de Arizona, a solo 2.5 millas de la frontera entre Estados Unidos y México.

El informe del médico forense estimó que Ferreira fue encontrado menos de un día después de su muerte y que probablemente falleció por hipertermia.

Se encontraba dentro del alcance de tres torres integradas fijas de Elbit, y estimamos que la visibilidad desde esas torres no estaba obstruida por el terreno.


Amanda del Rosario Gerónimo, 21

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADA: 29/6/2025

En algún momento de principios de junio de 2025, Amanda del Rosario Gerónimo dejó la casa de su familia en las afueras de Veracruz, México. Era originaria de una pequeña comunidad de menos de 200 habitantes y no avisó a sus padres cuando se marchó. Viajó hacia Estados Unidos a través de Texas acompañada por un traficante de personas, según explicó posteriormente su suegro a los investigadores.

Pocas semanas después, un familiar proporcionó a la Oficina del Sheriff del Condado de Duval las coordenadas del área donde un traficante había dicho que podría encontrarse. Su cuerpo fue localizado a más de 40 millas de la frontera, en un rancho rural, y a poco más de cinco millas de una torre de vigilancia RVSS ubicada al norte de la Carretera 44.

Fue encontrada boca arriba, vestida con una sudadera con capucha, jeans y tenis blancos sujetos a trozos de alfombra, una táctica utilizada para ocultar huellas. Junto a ella había un teléfono celular azul, un cargador, una imagen religiosa impresa y una tarjeta de crédito.


Jorge Linares-Argueta, 21

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 3/6/2024

El 3 de junio de 2024, el cuerpo de Jorge Linares-Argueta, un guatemalteco de 21 años, fue descubierto por agentes de la Patrulla Fronteriza que realizaban labores de vigilancia cerca de Sunland Park, Nuevo México.

Fue encontrado a 1.3 millas de una torre autónoma de vigilancia Anduril, con una línea de visión despejada, menos de un día después de su muerte. La autopsia concluyó que había fallecido por “exposición”.


Ruben Gonzales-Villegas, 50

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 6/6/2023

El 6 de junio de 2023, los restos de Ruben Gonzales-Villegas, un hombre de 50 años originario de Guadalajara, México, fueron encontrados junto a un mezquite en el desierto de las afueras de Sunland Park, Nuevo México, a poca distancia de una escuela primaria local.

Se encontraba a menos de un cuarto de milla de una torre autónoma de vigilancia Anduril y dentro del alcance de varios sistemas remotos de videovigilancia ubicados entre tres y cuatro millas de distancia. Sin embargo, nuestro análisis de línea de visión sugiere que estaba en el punto ciego de todas esas torres.

El estado del cuerpo indica que probablemente habían transcurrido varias semanas entre su muerte y el momento en que fue encontrado. Los investigadores señalaron posteriormente que junto a él había 100 pesos mexicanos, un teléfono celular con su cargador, chicles y algunas pastillas para la tos.

A Rubén le sobreviven sus padres.


Marcia Cristina Dutra, 36

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADA: 20/7/2023

Cuando un grupo de migrantes pasó junto a Marcia Cristina Dutra, una brasileña de 36 años, el 20 de julio de 2023, ella se encontraba tendida a menos de 100 pies del muro fronterizo. No estaban seguros de si seguía con vida o ya había muerto.

Los migrantes informaron a un agente de la Patrulla Fronteriza que se encontraba cerca, quien solicitó ayuda. Sin embargo, cuando una unidad del Departamento Forestal y de Protección contra Incendios de California llegó media hora después, ya era demasiado tarde. Las autoridades no regresaron para recuperar sus restos sino hasta cuatro días después.

La temperatura alcanzaba los 107 grados Fahrenheit y Marcia vestía una sudadera negra con capucha. Según el informe forense, posiblemente llevaba dos mochilas. También se registró que las uñas de sus pies eran “cortas, regulares y pintadas de color rosa”.

Se encontraba a menos de media milla de una torre autónoma de vigilancia Anduril y dentro del alcance de otras dos. Nuestro análisis topográfico sugiere que estaba en el punto ciego de las tres torres.

A Dutra le sobrevive un hijo, que actualmente tiene 14 años y al que dejó en su país de origen.


Parambit Singh, 18

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 5/7/2025

En julio de 2025, el cuerpo de Parambit Singh, un joven de 18 años originario de India, fue descubierto por agentes de la Patrulla Fronteriza que pasaban por una cresta situada a menos de mil pies del muro fronterizo.

Se encontraba a menos de una milla de tres torres autónomas de vigilancia Anduril, aunque estimamos que la visibilidad desde esas torres estaba obstruida por el terreno.

Su cuerpo permaneció expuesto durante otros 11 días porque las autoridades consideraban que el lugar era especialmente difícil de alcanzar. Un médico forense del condado de San Diego describió la zona como “empinada y de terreno accidentado”, con “vegetación densa y grandes rocas”.

Debido a la avanzada descomposición del cuerpo bajo temperaturas de 82 grados Fahrenheit, la autopsia no pudo determinar si Singh murió por agotamiento causado por el calor o tras caer desde un risco.

Aunque gran parte del cuerpo ya se había descompuesto cuando fue recuperado, los forenses señalaron que Parambit tenía cabello largo y castaño, bigote fino, barba de chivo y vestía una camisa tipo polo y zapatos Nike.


Sarahi Hernández Alfonso, 26

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADA: 10/8/2021

El 5 de agosto de 2021, Sarahi Hernández Alfonso, una mujer de 26 años originaria de Veracruz, México, cruzó hacia Estados Unidos cerca de la zona silvestre de Otay Mountain.

Al día siguiente, según los reportes, se desmayó y fue abandonada por el grupo con el que viajaba.

El 10 de agosto, el gobierno mexicano reportó su desaparición a la Patrulla Fronteriza y proporcionó unas coordenadas específicas. Los agentes acudieron a esas coordenadas y encontraron su cuerpo en estado de descomposición. Los investigadores médicos determinaron que había muerto por “exposición ambiental”.

Había fallecido a 1.3 millas de dos torres autónomas de vigilancia Anduril diferentes y a 2.7 millas de un sistema remoto de videovigilancia de General Dynamics. Tenía una línea de visión despejada hacia una de las torres AST.


Sandra Hernández Prieta Martínez, 43

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADA: 10/8/2022

Sandra Hernández Prieta Martínez, una mexicana de 43 años, viajaba con su hijo Héctor, de 23 años, cuando ella enfermó y ambos fueron abandonados por traficantes de personas.

Madre e hijo pasaron cuatro días entre la maleza, dentro del alcance de cuatro torres del sistema remoto de videovigilancia de General Dynamics. La más cercana estaba a 2.3 millas de distancia.

Sandra envió sus coordenadas a un familiar en McAllen, Texas, quien llamó a la policía. La oficina del sheriff también recibió una segunda llamada de emergencia de alguien que escuchó a un hombre pidiendo ayuda a gritos en el bosque. Posteriormente, las autoridades señalaron que creían que quien gritaba era Héctor, que aparentemente tenía una discapacidad intelectual.

Cuando los agentes llegaron al lugar, encontraron a Sandra cubierta de heridas provocadas por cactus. Un electrocardiograma no mostró signos vitales. No está claro qué ocurrió con Héctor.


Ramón Montenegro, 51

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 16/8/2024

Ramón Montenegro, de 51 años, nació en México, pero vivía en San Bernardino, California, donde trabajaba en empleos manuales. A principios de 2024 fue deportado.

Inicialmente viajaba con un grupo, pero otros migrantes dijeron posteriormente a agentes de la Patrulla Fronteriza que lo habían abandonado porque no podía avanzar con suficiente rapidez. Cuando fueron detenidos, proporcionaron las últimas coordenadas GPS conocidas de Ramón.

Los agentes caminaron hasta el lugar y encontraron a Ramón ya fallecido, recostado de lado en un pequeño claro. Los médicos forenses esperaron cuatro días antes de recuperar el cuerpo, así como la ropa y las pertenencias dispersas a su alrededor, indicios que sugerían una muerte por hipertermia.

Entre sus pertenencias, las autoridades encontraron dos identificaciones, un paquete de acetaminofén y un teléfono celular roto.

Se encontraba a un cuarto de milla de una torre autónoma de vigilancia Anduril, pero debido al terreno montañoso estaba en su punto ciego.


Román Gasga Guillén, 20

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADO: 8/8/2023

Román Gasga Guillén, un mexicano de 20 años, fue encontrado con vida, aunque inconsciente, en el desierto de Sonora, Arizona, la noche del 8 de agosto de 2023, después de una llamada al 911 que reportaba a un migrante en peligro.

Poco antes de las 9 p.m., dos agentes de la Unidad Montada de la Patrulla Fronteriza de Douglas lo encontraron. Tenía pulso, pero respiraba de manera errática y parecía estar sufriendo convulsiones, según un comunicado de CBP.

Fue trasladado a un hospital local, donde fue declarado muerto alrededor de las 11:49 p.m. La causa oficial de su muerte fue “exposición al calor ambiental”.

Román se encontraba a 3.2 millas de la torre integrada fija de Elbit más cercana y dentro del alcance de otras cinco. Nuestro análisis topográfico sugiere que tenía una línea de visión despejada hacia tres de esas torres.


Karina López Antonio, 25

FECHA EN QUE FUE ENCONTRADA: 9/8/2021

El 8 de agosto de 2021, Karina López Antonio, una mujer de 25 años originaria de Veracruz, México, cruzó desde Tijuana hacia el sur de California acompañada por un primo y un sobrino.

A la mañana siguiente, tras varias horas de caminata, comenzó a sentirse débil y el grupo decidió detenerse.

Mientras Karina descansaba, su sobrino salió en busca de ayuda y logró encontrar agentes que patrullaban la zona. Sin embargo, para cuando regresaron con él, Karina ya había fallecido.

Murió a solo 0.64 millas de una torre autónoma de vigilancia Anduril y dentro de su campo visual. También se encontraba dentro del alcance de hasta ocho sistemas remotos de videovigilancia.

Reportajes de Eileen Guo, de MIT Technology Review, y Lillian Perlmutter, de Times of San Diego.reports by Eileen Guo, MIT Technology Review, and Lillian Perlmutter, Times of San Diego

Muchas de las muertes ocurridas cerca de torres del sistema RVSS se registraron en Texas, en los corredores fuertemente vigilados entre el Río Grande y las autopistas cercanas, donde los traficantes de personas suelen organizar la recogida de migrantes después de cruzar la frontera.

Las cámaras observan muchos de los puntos donde se sabe que ocurren cruces, a menudo enfocando hacia el otro lado del río, en México, para detectar a las personas antes de que entren al agua. Los ahogamientos son frecuentes; encontramos múltiples casos en los que pescadores locales engancharon accidentalmente los cuerpos de personas que habían muerto intentando realizar el cruce.

En un caso, una familia de tres integrantes procedente de Brasil intentó cruzar el Río Grande cerca de Del Rio, Texas, en 2022. El padre, Daniel Lenda, llevaba a su hija de dos años, Eloah, sobre los hombros cuando cayó al agua. La madre, Thais Natali Montenegro Lenda, de 23 años, logró sacar a Eloah del agua mientras veía cómo su esposo desaparecía bajo la corriente.

Colocó a la niña, que ya no respondía, sobre una roca y fue en busca de ayuda. Se encontraba a apenas 100 pies de un sistema de cámaras y a un tercio de milla de otros dos, instalados precisamente para facilitar detenciones más rápidas en un punto de cruce muy transitado.

Nuestro análisis topográfico muestra que las tres cámaras tenían una vista despejada del lugar donde la familia cruzó y salió del agua. Sin embargo, Thais Natali no fue vista hasta que logró llamar la atención de un agente en el puente Del Rio-Acuña. El agente le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) a la niña, pero Eloah no sobrevivió. El cuerpo de Daniel fue encontrado días después.

El alguacil del condado de Val Verde, Joe Frank Martínez, respondió a ese caso. (Aunque la Patrulla Fronteriza puede encontrar cuerpos, las investigaciones sobre las muertes corresponden a las autoridades policiales locales).

Martínez creció en la zona junto a sus nueve hermanos y ha sido alguacil desde 2009. Durante un recorrido por Del Rio con MIT Technology Review en su patrulla, recordó una larga lista de muertes a las que su oficina ha respondido desde que asumió el cargo.

En su oficina conserva una carpeta de unas tres pulgadas de grosor que contiene expedientes de estos casos. Sin embargo, el caso de la pequeña Eloah sigue siendo especialmente memorable para él.

Martínez dijo a MIT Technology Review que, cuando llegó al lugar, agentes de la Patrulla Fronteriza le informaron que el operador de la torre de vigilancia había visto al padre y a la hija caer al río. Nunca recibió una explicación de por qué no se enviaron agentes con mayor rapidez.

Martínez solicitó las grabaciones de las cámaras de vigilancia para ayudar en su investigación sobre lo ocurrido. La Patrulla Fronteriza nunca se las proporcionó.

(General Dynamics no respondió a nuestras preguntas sobre este incidente y nos remitió a la CBP. La agencia tampoco respondió las preguntas relacionadas con este caso).

Foto abajo: Una carpeta con expedientes en la oficina del alguacil del condado de Val Verde contiene detalles sobre la muerte de Eloah Lenda, de 2 años. (Fotografía de James O’Donnell / MIT Technology Review).

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Determinar cuántas personas han muerto dentro del alcance del muro virtual es una tarea compleja, pero resulta especialmente difícil en el caso de las torres del sistema RVSS. Existen distintos modelos: algunos tienen un alcance visual más corto, de entre una y tres millas, mientras que otros pueden observar hasta 7.5 millas de distancia. Exagentes y exfuncionarios nos dijeron que la mayoría de las torres deberían poder ver al menos cinco millas, pero dado que no existen registros públicos que confirmen el modelo específico de cada torre, utilizamos varias distancias posibles de cobertura para calcular cuántas muertes ocurrieron dentro de su alcance.

Otra complicación es que muchos restos humanos nunca son encontrados. Incluso en los casos donde sí fueron hallados, MIT Technology Review solo pudo analizar las muertes que habían sido registradas con coordenadas GPS o con descripciones de ubicación suficientemente precisas. Muchos expedientes carecen de ese nivel de detalle, incluidos casi una quinta parte de los más de 1,500 casos que obtuvimos de 14 condados de Texas.

También fue necesario determinar cuándo murió una persona, y no simplemente cuándo fueron encontrados sus restos, para confirmar que una torre estaba operando en el momento del fallecimiento. Cuando las fuentes oficiales no proporcionaban una estimación, consultamos a varios médicos forenses para determinar la fecha probable de muerte a partir de la información disponible.

Además, las imágenes satelitales solo ofrecen evidencia intermitente sobre cuándo fueron instaladas las torres, pero no proporcionan una prueba exacta de cuándo comenzaron a funcionar. Por estas razones, y como se detalla en nuestra metodología, procuramos ser conservadores en nuestro análisis.

Aun así, la cifra estimada de muertes ocurridas cerca de al menos una de estas torres es impactante: entre 500 y 700 personas desde 2015.

Incluso si se consideran únicamente las torres ubicadas en zonas rurales, donde es mucho menos probable que los edificios obstruyan su campo de visión, estimamos que más de 300 personas murieron en lugares visibles para las cámaras, la mayoría a menos de tres millas de una torre.

De las casi 300 torres RVSS incluidas en nuestro análisis, más de 250 estaban dentro del alcance de al menos un lugar donde murió una persona.

Más de 150 personas fallecieron a menos de media milla de una torre, con frecuencia en extensas llanuras abiertas y deshabitadas, lo suficientemente cerca como para poder ver las propias cámaras instaladas sobre estructuras de hasta 200 pies de altura.

Cuando Mark Borkowski supervisaba la implementación de aquellas torres de vigilancia de primera generación en la CBP, llegó a convencerse cada vez más de que simplemente contar con más cámaras remotas no conduciría a respuestas más rápidas. La sobrecarga de información significaba que el gobierno podía observar una gran parte de la frontera, pero no verla realmente, y mucho menos actuar sobre todo lo que ocurría dentro de ella.

La prioridad de la agencia pasó entonces a resolver ese problema de exceso de información.

¿Y si, en lugar de depender de una persona para vigilar 30 pantallas simultáneamente, las torres pudieran utilizar radares para detectar movimiento y dirigir automáticamente las cámaras hacia ese punto?

En 2011, la Patrulla Fronteriza solicitó a la industria una nueva generación de tecnología capaz de hacer precisamente eso, enfocándose inicialmente en Arizona, donde la actividad fronteriza era más intensa. El contrato fue adjudicado finalmente al contratista de defensa israelí Elbit Systems, cuyos sistemas de torres ya vigilan las fronteras de Israel. En 2015, la empresa comenzó a instalar versiones de estas estructuras, conocidas como Torres Fijas Integradas (IFT, por sus siglas en inglés), cada una de ellas con capacidad para observar a más de cinco millas de distancia.

Las IFT aún estaban siendo instaladas cuando el presidente Donald Trump asumió su primer mandato en 2017. Aunque no recibieron la misma atención que la promesa de campaña de construir un muro físico, también contaban con respaldo político.

En 2018, el entonces subcomisionado de la CBP, Ronald Vitiello, dijo ante el Congreso que las torres IFT detectan automáticamente a las personas mediante radar y luego las rastrean. Añadió que esta tecnología de vigilancia es “fundamental para proteger áreas fronterizas donde los tiempos de desaparición son cortos, ya que quienes cruzan ilegalmente pueden evadir rápidamente a las autoridades al ‘desaparecer’ dentro de las comunidades fronterizas”.

Bajo un contrato inicial de 145 millones de dólares con Elbit, además de contratos posteriores, se construyeron 55 torres IFT en Arizona. En conjunto, estas torres vigilan más de 7,000 millas cuadradas de territorio, desde las zonas montañosas cercanas a Nogales hasta las llanuras de la Reserva de la Nación Tohono O’odham.

En muchos sentidos, Arizona es un lugar favorable para este tipo de torres altas, ya que gran parte de su paisaje es más plano que regiones como el sur de California.

Pero incluso allí, estar dentro del alcance anunciado de una torre no significa necesariamente estar dentro de su campo visual. El terreno, la vegetación o las edificaciones pueden bloquear la línea de visión.

Para evaluar esta cuestión, MIT Technology Review realizó un análisis topográfico con el fin de estimar si cada torre tenía una vista despejada u obstruida del lugar donde fueron encontrados restos humanos. Los investigadores estimaron la altura de cada torre y utilizaron mapas de elevación del gobierno estadounidense para modelar el terreno entre la torre y el sitio donde se encontraron los restos.

El análisis no tuvo en cuenta edificios ni vegetación, aunque todas las torres estudiadas utilizan algún tipo de imagen térmica diseñada para detectar movimientos a través de vegetación ligera.

La mayoría de los casos en los que una persona murió dentro del alcance de una torre ocurrieron en lugares donde, según el análisis, la vista de la cámara no estaba bloqueada por el terreno. Este hallazgo se mantuvo tanto en zonas rurales como urbanas.

Además, incluso cuando una persona murió en un punto ciego, eso no significa que no hubiera pasado previamente por una zona visible para la torre. Y la existencia de numerosos puntos ciegos también plantea interrogantes sobre la supuesta cobertura integral de estos sistemas.

La investigación encontró que casi 350 personas han muerto dentro del alcance de las torres de Elbit desde 2015.

Hubo 40 personas que fallecieron dentro del alcance de cuatro o más torres IFT, y algunas estaban cerca de hasta seis torres diferentes.

En mayo de 2024, un joven de 19 años murió en un lugar visible para tres torres IFT. Un año después, en mayo de 2025, una mujer de 38 años falleció en una ubicación con una visibilidad igualmente clara desde dos torres.

Elbit Systems no respondió a una lista detallada de preguntas sobre sus torres ni sobre las muertes que esta investigación halló en sus proximidades.

Se registró al menos una muerte dentro del alcance de 52 de las 53 torres IFT analizadas, aunque algunas resultaron especialmente llamativas.

Una de ellas está ubicada a varias horas de Tucson, dentro de la reserva Tohono O’odham. Según las estimaciones de los investigadores, esta torre tiene visibilidad sobre más del 80 % del área circundante.

A pesar de ello, 27 personas, de entre 19 y 64 años, han muerto dentro de su zona de vigilancia desde 2021, además de varias otras cuyos restos aún no han sido identificados.

En 25 de esos casos, la investigación estima que la torre tenía una línea de visión despejada hacia el lugar donde murió la persona. 

LA ERA DE LA AUTONOMÍA

Gracias a subvenciones del programa Small Business Innovation Research, el producto de Anduril comenzó a tomar forma: una estructura de 33 pies de altura, alimentada por energía solar, equipada con cámaras para observar y radares para detectar movimiento, todo ello montado sobre un poste metálico modular con paneles solares instalados debajo.

Más importante aún era el componente que no podía verse: un sistema de visión por computadora que prometía clasificar, rastrear y generar alertas automáticamente sobre cualquier objeto o persona que entrara en el campo de visión del sistema.

La torre estándar de Anduril no podía ver tan lejos como los modelos de Elbit o General Dynamics. Su alcance era de aproximadamente 1.75 millas, frente a las más de cinco millas de esos sistemas. Sin embargo, la empresa argumentaba que eso no era necesario: al identificar y seguir automáticamente a las personas, las torres podían proporcionar a los agentes suficiente tiempo de anticipación para responder.

(Sus torres más nuevas de alcance extendido, por otra parte, tienen 80 pies de altura y se anuncian como capaces de detectar y rastrear “objetos de interés” a distancias de hasta 7.5 millas).

Cuando el presidente Donald Trump dejó el cargo en 2021, Anduril siguió encontrando apoyo en su sucesor.

Joe Biden había hecho campaña prometiendo detener la expansión del muro físico, pero veía razones políticas para mantener sobre la mesa la inversión en tecnología de vigilancia basada en torres.

“Es menos visible, es discreta”, recordó un exasesor de inmigración de Biden, quien añadió que, a pesar de algunas preocupaciones sobre la privacidad, las torres generaban pocas controversias.

Cuando la Patrulla Fronteriza desplegó torres de Anduril en la estación de Santa Teresa, Nuevo México, en 2021, un comunicado de prensa afirmó:

“Debido a su precisión en la detección, en muchos casos este tipo de tecnología puede y salvará vidas de migrantes”.

En una solicitud de permisos presentada en 2024 para instalar torres en California, el gobierno fue aún más explícito:

“Si alguien dentro del campo visual de las torres parece estar en peligro, se enviará personal médico de emergencia o equipos de primera respuesta para ayudar”.

Anduril también respaldó esas afirmaciones.

En un comunicado de prensa de 2021, la empresa escribió que el software integrado en las torres de vigilancia permite sacar a los agentes “de los centros de operaciones y comunicaciones y llevarlos al terreno, donde pueden ejecutar respuestas tanto de seguridad como humanitarias”.

No era la primera vez que la CBP hablaba del aspecto humanitario de sus funciones. En 1998, la agencia creó BORSTAR, una unidad especializada de búsqueda y rescate, y para agosto de 2023 había instalado aproximadamente 170 balizas de rescate a lo largo de la frontera para que las personas que intentan cruzarla pudieran pedir ayuda.

Sin embargo, según Mario Agundez, supervisor retirado de la Patrulla Fronteriza en Arizona que participó en diversas operaciones de rescate, estas balizas no han resultado efectivas.

Las personas suelen evitarlas o “mueren junto a ellas porque no había forma de que la Patrulla Fronteriza llegara a tiempo”.

Además, no siempre funcionan.

Una de las balizas que MIT Technology Review observó en la zona silvestre de Otay Mountain, en el sur de California, junto a un camino de tierra, tenía apagada su característica luz azul alimentada por energía solar durante una noche reciente de agosto. Esa luz está diseñada para ser visible a kilómetros de distancia para personas en peligro.

Un portavoz de la CBP no explicó por qué estaba apagada, pero señaló:

“Las balizas solares son mantenidas y monitoreadas por la estación de la Patrulla Fronteriza responsable de patrullar esa área”.

Anduril superó la fase piloto en apenas dos años antes de que sus torres Sentry, que entonces eran las únicas torres autónomas de vigilancia utilizadas por la CBP, se incorporaran oficialmente a un programa permanente del gobierno en 2020.

Esa velocidad es excepcional dentro del mundo de las contrataciones gubernamentales, especialmente considerando que se trataba del primer producto de hardware desarrollado por Anduril.

Para junio de 2021, la CBP ya había gastado más de 98 millones de dólares en estas torres. Actualmente, el contrato de Anduril para dicho programa tiene un valor potencial de hasta 1,100 millones de dólares.

Fotos de abajo Anduril

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Gerardo Galván estaba a cargo de la estación de la Patrulla Fronteriza de Santa Teresa, que patrulla la zona de Nuevo México donde más tarde sería encontrado el cuerpo de Morales, cuando recibió su primer lote de torres de vigilancia de Anduril en 2021.

Sus agentes estaban agotados. El sector de El Paso, donde se encuentra su estación, había registrado un aumento mensual de encuentros con migrantes desde abril de 2020. Galván afirma que los agentes recibieron las torres con inteligencia artificial con sorpresa, pero también con entusiasmo, y comenzó a planificar dónde instalarlas.

Al este de la estación se encuentra Cristo Rey, una montaña que bloquea la vista de la ciudad de El Paso. Hacia el norte de Cristo Rey corre la frontera estatal con Texas, donde las orillas del Río Grande están rodeadas de huertos de nueces pecanas. Al oeste de esos huertos se encuentran las localidades de Sunland Park y Santa Teresa.

Las últimas casas de estos vecindarios terminan abruptamente en el desierto, que se extiende hacia el oeste durante casi 100 millas sin una sola gasolinera.

Es en esta franja, ubicada entre la frontera entre Estados Unidos y México al sur y la Carretera 9 al norte, donde los agentes de su estación intentaban detener a los migrantes.

Cuando Galván planificaba la ubicación de las torres, los cruces eran abundantes. Santa Teresa se estaba convirtiendo en la estación más activa del sector de El Paso, que abarca 125,500 millas cuadradas, a medida que el endurecimiento de la vigilancia fronteriza en Texas empujaba a los migrantes hacia el oeste.

A lo largo de esta nueva ruta, más personas estaban muriendo que en años anteriores.

(Las huellas de ese período siguen siendo visibles años después. MIT Technology Review visitó la zona con el grupo humanitario Battalion Search and Rescue y observó mandíbulas humanas blanqueadas por el sol, junto a mochilas desgastadas y prendas abandonadas).

El objetivo de Galván era utilizar las nuevas torres como una solución provisional en zonas donde existía poca infraestructura fronteriza.

Eso incluía un área cercana a la base del Monte Cristo Rey, donde había una interrupción en la cerca fronteriza y las personas intentaban cruzar con frecuencia.

Galván estudió datos de detenciones previas con la intención de ayudar a los agentes a detectar a los migrantes antes de que llegaran a zonas más residenciales.

La Patrulla Fronteriza alcanzó acuerdos con propietarios privados de terrenos, quienes por lo general no tenían inconveniente en albergar las discretas torres de Anduril en sus propiedades y recibían compensación mediante contratos de arrendamiento.

Cuando las torres fueron instaladas por primera vez cerca de la estación de Santa Teresa en 2021, ingenieros de Anduril acudieron para ajustar los algoritmos encargados de clasificar de forma autónoma si lo detectado era un vehículo, una persona cruzando la frontera u otro tipo de objetivo.

Un exingeniero de Anduril, que habló bajo condición de anonimato para discutir a su antiguo empleador, afirmó que esos algoritmos eran el foco principal del programa.

Anduril no fabricaba directamente las cámaras ni los sistemas de radar, por lo que los algoritmos constituían su principal propuesta de valor para la Patrulla Fronteriza.

Galván explica que las torres detectaban a personas cruzando la frontera antes de que los agentes las vieran. Pero también observó problemas desde el principio.

Por ejemplo, los agentes detenían a un grupo numeroso cerca de una torre y luego revisaban las grabaciones para comprobar si alguien había logrado escapar, solo para descubrir que el incidente no había sido captado por el sistema.

Las torres de Anduril están en movimiento constante, girando para vigilar distintas áreas y deteniéndose únicamente cuando identifican un objeto de interés.

Sin embargo, en estos casos, según Galván, las cámaras giraban hacia otros lugares y no registraban a los migrantes que supuestamente debían rastrear de manera automática.

Rafael Reyes afirma que los errores de los algoritmos eran poco frecuentes en su estación, pero problemáticos.

En ocasiones, un grupo de personas era clasificado erróneamente como ganado, por ejemplo, y los agentes no recibían ninguna alerta.

El problema empeoraba cuanto más alejados estaban los grupos de la cámara.

Anduril ha destacado públicamente la capacidad de su tecnología para reducir los falsos positivos, como cuando animales silvestres son confundidos con personas.

Sin embargo, la empresa ha dicho poco sobre los falsos negativos: las personas que los sistemas no logran detectar.

Rafael Reyes, quien dirigió una estación de la Patrulla Fronteriza en Nuevo México, afirma que sus agentes con frecuencia tenían demasiadas responsabilidades adicionales como para monitorear adecuadamente las cámaras. (Fotografía de Cengiz Yar para MIT Technology Review)

Jaime Fierro, exagente del sector de Laredo, Texas, recuerda un incidente que lo dejó impactado. Los agentes perseguían un vehículo que creían transportaba a migrantes recién llegados tras cruzar la frontera. El automóvil dio la vuelta, se dirigió hacia las orillas del Río Grande, a menos de 100 pies de una torre de Anduril, y terminó estrellándose directamente en el río. Varios ocupantes lograron salir y nadaron de regreso a México mientras el vehículo flotaba en el agua.

De vuelta en la estación, Fierro se apresuró a revisar qué había captado la cámara. Pero el sistema nunca detectó el incidente. No existía ninguna grabación.

“Ese fue un problema enorme, enorme”, dijo Fierro.

Recuerda que personal de Anduril acudió a investigar y que el asunto llegó hasta los niveles de liderazgo en Washington. Sin embargo, nunca recibió una explicación sobre por qué el accidente no fue detectado.

(Un portavoz de Anduril no respondió a preguntas sobre este incidente específico, aunque señaló que el alcance de las torres está limitado por obstáculos físicos y por los límites operativos establecidos por la CBP).

Varios agentes estimaron que, en sus primeros años, las torres dejaban sin detectar entre el 10 % y el 15 % de los eventos que, en teoría, deberían haber registrado.

“Para nosotros, que un sistema en el que se gastaron millones de dólares y que se suponía debía funcionar estuviera fallando entre un 10 y un 15 por ciento era alarmante”, afirmó Fierro.

Philip Sullivan también trabajó como agente en el sector de Laredo. Cuando comenzó el programa de Anduril, se ofreció voluntariamente para participar e incluso acudió a un centro de pruebas de la empresa para recibir capacitación.

Cuando se instalaron nuevas torres, colaboró directamente con la compañía para mejorar los algoritmos. Disfrutaba el trabajo. Sin embargo, describe un problema recurrente que nunca lograron resolver.

Los traficantes colocaban hasta una docena de personas en balsas inflables, las cubrían con una lona y cruzaban el Río Grande utilizando motores sumergibles para impulsarlas.

La lona engañaba al algoritmo. El sistema detectaba movimiento, pero lo clasificaba únicamente como un “objeto no identificado”.

Eso significaba que no se generaba una alerta sonora, precisamente la función de la que dependían los agentes, ya que el sistema de Anduril estaba diseñado para vigilar automáticamente por ellos.

Los traficantes repitieron esta táctica decenas de veces.

Otros grupos utilizaban redes o cobijas para cubrir a las personas mientras avanzaban entre la maleza, evitando así ser detectadas.

Solo más tarde, tras localizar al grupo tierra adentro y analizar indicios sobre el punto donde habían cruzado, Sullivan revisaba las grabaciones y descubría los cruces que el sistema había pasado por alto.

Trabajó con Anduril enviando videos de estos incidentes para que los ingenieros reentrenaran los algoritmos. Pero, según dijo, la situación no había mejorado cuando fue ascendido a un cargo a nivel sectorial en algún momento de 2022.

“El propósito completo de su sistema”, explicó Sullivan, era que “las cámaras se movieran por sí solas, identificaran automáticamente, rastrearan, grabaran y generaran alertas”.

Contar con cámaras capaces de moverse automáticamente era una gran ventaja, señaló. Pero los algoritmos tenían límites.

“Uno mira la pantalla y ve una mancha y una balsa moviéndose por el río. Sabe que son personas. Pero lograr que una inteligencia artificial identifique eso es un desafío”.

Cuando las torres comenzaron a desplegarse en la estación de Santa Teresa entre 2021 y 2022, Galván afirma que problemas similares generaron un círculo vicioso de desconfianza.

Un agente veía que una torre no detectaba algo importante y comenzaba a desconfiar del algoritmo.

Cuando le tocaba operar el sistema y gestionar las alertas, podía desactivar la inteligencia artificial y controlar la cámara manualmente.

Eso generaba más incidentes no detectados y, a su vez, más desconfianza.

A pesar de estas deficiencias, el paisaje relativamente plano del sector de El Paso permitía que las cámaras del sistema tuvieran entre un 80 % y un 90 % de visibilidad, según nuestro análisis topográfico.

Ese rendimiento era mejor que en regiones más montañosas, como el área silvestre de Otay Mountain, al este de San Diego, donde estimamos que las torres de Anduril podían observar apenas entre el 15 % y el 25 % de la cobertura que prometían.

Fue precisamente en esta zona silvestre donde comenzaron a aparecer algunos de los primeros cuerpos cerca de torres de Anduril.

Durante una sola semana de agosto de 2021, dos mujeres de unos 20 años, originarias de la misma ciudad de México, murieron en lugares separados por varias millas. Sus cuerpos fueron hallados cerca de tres torres distintas que aparecieron por primera vez en imágenes satelitales entre marzo y julio de ese año.

Una de ellas, Sarahi Hernández Alfonso, de 26 años, inició su viaje hacia Estados Unidos el 5 de agosto. Los investigadores registraron que al día siguiente se desmayó cerca del área silvestre de Otay Mountain y fue abandonada por quienes viajaban con ella.

Pasarían otros cuatro días antes de que el gobierno mexicano reportara su desaparición a la Patrulla Fronteriza el 10 de agosto y proporcionara coordenadas de ubicación.

Los agentes acudieron al lugar y encontraron su cuerpo en estado de descomposición.

Había muerto a 1.3 millas de dos torres de Anduril, una de las cuales, según nuestro análisis, tenía una línea de visión despejada hacia el sitio.

Tan solo un día antes, Karina López Antonio, de 25 años, fue encontrada muerta cerca de una tercera torre de Anduril.

Había cruzado la noche anterior junto con su primo y su sobrino. A la mañana siguiente comenzó a sentirse mal, y su sobrino salió a buscar a un agente de la Patrulla Fronteriza para pedir ayuda.

Cuando los agentes regresaron, ya había fallecido.

En octubre de ese mismo año, en Nuevo México, donde las nuevas torres de Anduril acababan de ser desplegadas, agentes que patrullaban en vehículos todoterreno encontraron huellas en el desierto.

Las siguieron hasta localizar el cuerpo de César Perea Itzincab, de 31 años.

La presencia de larvas y el avanzado estado de descomposición indicaban que había muerto al menos una semana antes. Los médicos forenses que acudieron al lugar creían que había logrado arrastrarse hasta el punto donde finalmente fueron encontrados sus restos.

Se encontraba a 1.5 millas de una torre autónoma, dentro del alcance de vigilancia anunciado por Anduril y, de acuerdo con nuestro análisis topográfico, debería haber sido visible para la cámara.

Una torre de vigilancia a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos en Nuevo México. (Fotografía de Cengiz Yar para MIT Technology Review)

No podemos saber qué vieron esas cámaras mientras estas personas morían.

Las grabaciones y datos generados por las torres de Anduril se sobrescriben cada 30 días, y un exfuncionario de asuntos internos de la CBP dijo que esa información no se conserva por más tiempo a menos que forme parte de una investigación activa, algo que solo ocurre cuando una persona muere bajo custodia.

La CBP no respondió a preguntas sobre incidentes específicos como estos. Por su parte, el Departamento de Policía de Sunland Park suele cerrar casos de este tipo cuando determina que no se cometió ningún delito.

La falta de documentación representa una oportunidad perdida, sostiene Amerika García Grewal, codirectora de la organización Frontera Federation, que trabaja para rescatar a migrantes en peligro o localizar e identificar sus restos.

“Las torres de vigilancia a lo largo de la frontera podrían ser increíblemente útiles”, nos dijo.

Por ejemplo, podrían utilizarse para responsabilizar a los agentes de la Patrulla Fronteriza por las acciones que tomaron, o dejaron de tomar, para localizar a alguien que necesitaba ayuda.

“Lo que una herramienta termina haciendo depende de la persona que la utiliza”, afirmó. Y agregó: “Yo no confío en quienes las están usando”.

“Si pudiera obtener esas grabaciones”, dijo, “las revisaríamos y, con suerte, podríamos dar respuestas a los familiares y contar con pruebas documentadas de lo que ocurrió en los últimos momentos de vida de sus seres queridos”.

Cuando se les pregunta sobre las muertes ocurridas cerca de torres de Anduril, los agentes suelen señalar fallas tecnológicas.

Galván, por ejemplo, explica que las torres no siempre logran seguir cómo se desplazan los grupos. Un grupo grande de 20 personas puede dividirse en grupos más pequeños, especialmente si está siendo perseguido por agentes, y el sistema no siempre mantiene el seguimiento de todos.

Si alguien queda fuera del monitoreo, afirmó, “esa persona se queda atrás entre la maleza, fuera de la vista”.

Luego puede desmayarse, algo que en el desierto puede equivaler a una sentencia de muerte.

Y aunque la Patrulla Fronteriza afirma que las torres pueden transferir el seguimiento de personas de una torre a otra, agentes en el terreno aseguran que con frecuencia se pierden personas durante esas transiciones.

Además, según Jason Owens, jefe de la Patrulla Fronteriza entre junio de 2023 y marzo de 2025, los algoritmos siguen siendo imperfectos.

“Nunca llegamos realmente al punto de ‘configúralo y olvídate de él’”, dijo.

Los agentes también sostienen que tenían demasiado trabajo para responder de manera eficaz.

Durante 2022 y 2023, la frontera registró niveles históricamente altos de migración.

El Título 42, una política iniciada bajo la administración de Donald Trump y mantenida por Joe Biden hasta mayo de 2023, permitió expulsar rápidamente a los migrantes bajo argumentos de salud pública antes de que pudieran solicitar asilo.

Sin embargo, esas expulsiones rápidas implicaban menos consecuencias que una detención normal, por lo que muchas personas volvían a intentar cruzar.

Al mismo tiempo, las solicitudes de asilo aumentaban año tras año, mientras que los cambios en los países de origen de los migrantes y en la política migratoria estadounidense hacían que cada vez más personas requirieran largos procesos administrativos en lugar de ser devueltas rápidamente.

Según los agentes, esto los mantenía ocupados procesando a personas ya detenidas, dejando menos personal disponible para responder a las alertas de vigilancia.

En otras palabras, desde la perspectiva de los agentes, la eficacia de las torres de Anduril estaba limitada por el mismo problema de siempre: simplemente no había suficientes agentes.

Pero la enorme carga de trabajo no explica todas las muertes encontradas en esta investigación.

En 2024, la actividad en la frontera comenzó a disminuir.

Para julio de ese año, el número de encuentros de la Patrulla Fronteriza en todo el país había caído drásticamente respecto a los máximos registrados en diciembre de 2022.

En el sector de El Paso, donde se encontraban las torres de Anduril en Nuevo México, los encuentros se habían reducido a casi una décima parte de su nivel máximo.

Los agentes estaban menos ocupados que en años.

Supuestamente, la tecnología también estaba mejorando.

Galván ya había sido promovido y trasladado para entonces, pero afirma que los agentes habían comenzado a confiar más en las torres y ayudaban a entrenar los algoritmos indicando con señales de aprobación o desaprobación cuando el sistema clasificaba correctamente o incorrectamente un objetivo.

También se implementó un nuevo programa de teléfonos inteligentes.

Cada agente recibió un dispositivo Android con un mapa que mostraba la ubicación de otros agentes y recibía alertas enviadas por la estación cuando una torre de Anduril detectaba actividad.

A pesar de todo ello, las muertes cerca de las torres continuaron.

Estaba el caso de Morales, en abril, cuyo cuerpo fue reportado a la Patrulla Fronteriza únicamente por trabajadores del basurero local, aunque había permanecido durante horas dentro del campo visual de una torre de Anduril.

Otros cuerpos fueron encontrados por casualidad.

El 20 de junio, agentes de la Patrulla Fronteriza seguían por error a un grupo de personas que creían que eran migrantes, aunque en realidad eran empleados del mismo basurero.

Esos trabajadores informaron a los agentes que habían encontrado un cadáver. Resultó ser el cuerpo parcialmente momificado de un hombre de unos 40 años que había muerto dentro del alcance de dos torres de Anduril.

Tres días después, el 23 de junio, apareció otro.

Era el cuerpo de un joven guatemalteco de 21 años, encontrado por agentes durante una patrulla a 1.3 millas de una torre, en una zona de desierto abierto y despejado.

Dos días más tarde apareció otro más.

Un agente buscaba a una persona desaparecida cuando encontró los restos de un hombre de 56 años, a una distancia equivalente a un campo de fútbol del hallazgo anterior y con una línea de visión igualmente clara hacia una torre.

Entonces, si la situación en Santa Teresa se había calmado y la zona se había convertido en una especie de vitrina de los esfuerzos tecnológicos más avanzados de la Patrulla Fronteriza, ¿qué estaba ocurriendo?

“Los agentes revisan la información y determinan la respuesta apropiada; la tecnología no toma decisiones de aplicación de la ley”, afirmó Hilton Beckham, subcomisionado de asuntos públicos de la CBP.

Mientras tanto, agentes individuales describieron situaciones en las que podían decidir no responder inmediatamente a una alerta.

A veces, esperar era una estrategia.

Los agentes podían observar a un grupo para ver qué ruta tomaría o decidir no intervenir ante un grupo pequeño porque sospechaban que los traficantes lo estaban utilizando como distracción mientras otro grupo más grande avanzaba detrás.

En otros casos, los agentes consideraban que el lugar donde un grupo había sido detectado por primera vez no era adecuado para una detención y preferían interceptarlo más adelante.

Saber dónde estaba una persona no siempre significaba actuar de inmediato.

Los voluntarios humanitarios cuentan que han proporcionado a la Patrulla Fronteriza las coordenadas de personas perdidas pero aún con vida y luego han esperado “a veces hasta una semana” para que los agentes llegaran al lugar, explicó García Grewal desde Eagle Pass, Texas.

“Después nos decían: ‘Alguien fue hasta allá y encontró restos humanos’”, recordó.

“Bueno, no eran restos cuando los llamamos. Estaban vivos”.

Mireya Morales, hermana menor de José Morales Bernal, quien murió junto al basurero un día antes de cumplir años en abril de 2024, desconocía que su hermano había fallecido cerca de varias torres de vigilancia o que el gobierno afirmaba que estos sistemas podían salvar vidas.

“Bueno, eso suena bien”, dijo sobre esa promesa, “pero en este caso no ayudó a mi hermano. Y no hay manera de saber exactamente cómo ocurrieron las cosas”.

“La Patrulla Fronteriza debería haberlo encontrado rápidamente”, afirmó. “Podrían haber hecho algo”.

Si así hubiera sido, es probable que aquel viaje a Estados Unidos, el cuarto que realizaba, hubiera terminado con su detención, encarcelamiento temporal y deportación a México.

Pero habría leído los mensajes de cumpleaños que su hermana le envió al día siguiente.

Al menos habría regresado a casa para celebrar la quinceañera de su hija mayor, realizada a principios de este año.

Historias como esta son la razón por la que Iván Chaar López, profesor adjunto de Estudios Estadounidenses en la Universidad de Texas en Austin y director de su Border Tech Lab, dice que prefiere hablar de “los daños causados” antes que del “fracaso de un algoritmo”.

“Un sistema puede fallar”, dijo, “pero quienes sufren son los seres humanos”.

Abajo: Un cinturón abandonado en el desierto cerca de Sunland Park, Nuevo México. (Fotografía de Cengiz Yar para MIT Technology Review)

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En última instancia, cualquier intento de comprender dónde están ocurriendo las fallas se ve obstaculizado por una renuencia institucional a medir el problema.

Una auditoría completa de este muro virtual solo puede ser realizada por la Patrulla Fronteriza. En cierto sentido, la agencia cuenta cada vez con más herramientas para hacerlo: los agentes nos dijeron que cada vez que detienen a una persona, la ubicación se registra mediante coordenadas GPS. También se registran los casos en los que la Patrulla Fronteriza encuentra indicios de que alguien cruzó la frontera pero no logra localizarlo.

La agencia también posee datos precisos sobre cuándo se instaló cada torre de vigilancia, qué alertas recibió cada sistema y cómo se resolvieron. Contar con esa información es la única manera de medir si las torres más recientes realmente están dejando escapar a menos personas que las generaciones anteriores.

Sin embargo, investigadores y organismos externos de supervisión afirman que este enorme volumen de datos no se ha traducido en un sistema confiable para evaluar la eficacia del muro virtual.

Por ejemplo, la CBP registra a las personas que logra identificar como no detenidas mediante la categoría de “gotaways”, una estimación del número de ocasiones en que los agentes encuentran evidencias de alguien que evitó ser detenido: huellas, apariciones en cámaras o testimonios de personas que sí fueron aprehendidas.

Es un sistema imperfecto. Y eso deja espacio para interpretaciones.

“Los objetivos de la vigilancia fronteriza siempre han sido un blanco en movimiento”, dijo Jeremy Slack, investigador sobre migración y frontera de la Universidad de Texas en El Paso. “Siempre están planteados de forma que representen una victoria sin importar el resultado”.

Por ejemplo, si las detenciones aumentan, la CBP sostiene que significa que los agentes son más efectivos capturando personas. Si las detenciones disminuyen, entonces significa que la frontera está más tranquila porque la gente tiene demasiado miedo de intentar cruzar.

A esto se suman las distintas visiones dentro de la propia agencia sobre cuál era el verdadero propósito del muro virtual.

Mark Borkowski explicó que altos funcionarios preguntaban cuántos agentes podrían dejar de contratar si se construían más torres.

Sin embargo, los supervisores que recibían nuevas torres nos dijeron que con frecuencia solicitaban más agentes, no menos, porque ahora detectaban más actividad a la que debían responder y que antes pasaba desapercibida.

Y si el objetivo era que la mera presencia de las torres disuadiera a las personas de cruzar la frontera, un estudio externo realizado por RAND en 2020 arrojó resultados ambiguos.

La investigación concluyó que el despliegue de las Torres Fijas Integradas (IFT) estuvo asociado con una disminución de las detenciones en las áreas cercanas, pero señaló que eso no significaba necesariamente que las torres estuvieran desalentando los cruces fronterizos.

(Otro estudio realizado por Geoff Boyce y sus colegas encontró que las generaciones anteriores de torres de vigilancia en el sur de Arizona empujaron a las personas a buscar rutas más difíciles y peligrosas, fuera del alcance visual de los sistemas).

Todo ello conduce a una pregunta fundamental:

¿Las muertes ocurridas cerca del muro virtual constituyen fallas inaceptables de los sistemas de vigilancia, o se encuentran dentro del nivel de eficacia que el gobierno considera aceptable?

(La respuesta de la CBP a este reportaje no abordó las preguntas sobre cómo la agencia explica estas muertes).

Trabajadores instalan paneles y construyen nuevos caminos transitables en todo tipo de clima como parte de un proyecto de muro fronterizo al este de Nogales, Arizona, en julio de 2026. (Fotografía de Jerry Glaser/Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos).

FRENTE A ESTE PANORAMA

En este contexto, la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO, por sus siglas en inglés) y la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) han intentado concentrarse en una pregunta más específica: ¿está el muro virtual aumentando la probabilidad de detenciones?

La respuesta ha sido incompleta desde 2014.

Ese fue el año en que la GAO sugirió por primera vez que, cada vez que los agentes registraran sus actividades en la base de datos de la Patrulla Fronteriza, también incluyeran información sobre si alguna tecnología había contribuido o no a una detención. Al menos eso permitiría ofrecer al Congreso algún indicador de si estas herramientas estaban funcionando.

La Patrulla Fronteriza comenzó a recopilar esa información, pero años de mejoras graduales han sido seguidos por repetidas conclusiones de que los datos obtenidos son poco confiables o insuficientes para determinar con precisión qué tan bien funciona la tecnología.

La realidad, según varias personas de la Patrulla Fronteriza que hablaron con MIT Technology Review, es que muchos agentes consideran esta tarea como una carga burocrática impuesta por funcionarios que no comprenden la realidad de la frontera.

“Para ser honesto, es como escupir contra el viento”, dijo bajo condición de anonimato un exalto funcionario del DHS durante la administración Biden.

“Si tenemos 10,000 personas al día cruzando entre los puertos de entrada, ¿de verdad creen que un agente está preocupado por explicar exactamente cómo demonios detuvo a esas personas?”

Varios otros funcionarios señalaron que el registro de la participación de la tecnología en las detenciones ha mejorado, pero no de manera lo suficientemente constante como para resultar verdaderamente útil para los análisis.

Y no existe ningún procedimiento, ni a nivel local ni nacional, para examinar las muertes individuales ocurridas cerca de las torres o para analizar esos casos de manera conjunta en busca de posibles fallas de vigilancia.

“Nunca pensamos en mapear las muertes de migrantes para ver si las torres estaban fallando o si los agentes estaban pasando por alto personas”, dijo un exfuncionario de la CBP encargado de evaluar cómo el personal manejaba los casos de muertes bajo custodia.

“Nadie planteó nunca ese tema”, añadió, señalando que hacerlo podría revelar vacíos importantes en la estrategia de la agencia.

“Si todavía trabajara para la CBP y alguien sacara el tema, probablemente enviaría a algunas personas a investigarlo”.

En respuesta a preguntas de MIT Technology Review, la CBP afirmó que las torres autónomas de vigilancia complementan las barreras físicas al mejorar la detección y la conciencia situacional. Sin embargo, su declaración no respondió a preguntas sobre otras tecnologías ni sobre las críticas más amplias relacionadas con la manera en que la agencia evalúa el funcionamiento del muro virtual.

Esta falta de medición no ha disminuido el entusiasmo por financiar más tecnología.

El proyecto de ley de gastos aprobado en julio de 2025 asignó 2,700 millones de dólares exclusivamente para tecnología de seguridad fronteriza, y la CBP se apresuró a comunicar al sector privado que esos recursos comenzarían a distribuirse pronto.

“Tenemos una inversión histórica en infraestructura y tecnología en camino”, dijo un director de la CBP a empresas tecnológicas durante un seminario virtual de la industria realizado ese mismo mes.

En una entrevista realizada en diciembre de 2025, cuando era director de seguridad nacional e inmigración en el America First Policy Institute, Cooper Smith describió estas inversiones tecnológicas como una forma de “fortalecer” la frontera frente a un eventual presidente que, en su opinión, pudiera adoptar una postura menos estricta que Donald Trump en materia fronteriza.

(Según LegiStorm, organización dedicada al seguimiento de personal político, Smith actualmente desempeña un cargo enfocado en políticas públicas dentro de la CBP).

El número de agentes de la Patrulla Fronteriza también ha aumentado. Para junio de 2026, la agencia contaba con casi 21,500 agentes, la cifra más alta de su historia.

En la región de Big Bend, en Texas, las torres de vigilancia se han convertido en un tema central de la política local. Funcionarios y residentes de ambos partidos, incluido el alguacil del condado de Terrell, están solicitando torres de Anduril en lugar de un controvertido proyecto de nueva barrera fronteriza que recientemente fue suspendido.

La CBP ha anunciado su intención de invertir 1,000 millones de dólares para instalar cerca de 1,500 torres adicionales antes de 2034.

La legislación actual exige que todas estas nuevas torres estén equipadas con inteligencia artificial.

En diciembre de 2025, Palmer Luckey, fundador de Anduril, afirmó que las torres seguían siendo el producto más vendido de la empresa y que proporcionaban “prácticamente una conciencia situacional perfecta de lo que ocurre en el área”.

Las torres de Anduril también se han vendido en otros países: para reforzar la vigilancia fronteriza del Reino Unido, proteger bases del Cuerpo de Marines de Estados Unidos en Japón y otras ubicaciones, así como para servir como sistemas de defensa contra drones en una base de la Fuerza Aérea Australiana.

Sin embargo, en el caso de la CBP, Anduril ya no será el único proveedor.

General Dynamics ha desarrollado sus propias torres equipadas con inteligencia artificial y recibió en junio un pedido de la CBP por un valor de hasta 115 millones de dólares.

La Electronic Frontier Foundation, que monitorea las torres de vigilancia desde 2022, afirma que algunas de estas nuevas torres ya han sido observadas en la frontera.

Esta vez, además, la agencia gastará estos recursos con incluso menos supervisión que hace apenas unos años.

En octubre de 2025, el Departamento de Seguridad Nacional, que supervisa a la CBP, eliminó la oficina encargada de supervisar los principales programas de gasto de la dependencia.

Abajo: Una torre de vigilancia en el desierto a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. (Fotografía de Cengiz Yar para MIT Technology Review)

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La mayoría de los registros sobre restos humanos que MIT Technology Review recopiló solo estaban actualizados hasta el otoño de 2025 o, en algunos casos, hasta principios de 2026.

Incluso esas fechas tienen una importante limitación: muchos restos nunca son encontrados y otros son localizados meses después de que la persona murió. Posteriormente, los informes pueden tardar meses adicionales en ser divulgados mediante solicitudes de acceso a registros públicos.

Esto hace que sea casi imposible llevar un conteo en tiempo real de cuántas personas han muerto cerca de las torres de vigilancia.

Aun así, la frontera actualmente está mucho más tranquila.

Las cifras más recientes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) muestran apenas 128,009 encuentros de aplicación de la ley entre enero y agosto de 2026, en comparación con más de 2.4 millones durante el mismo periodo de 2024. (El término “encuentros” contabiliza cada interacción de la Patrulla Fronteriza, no el número de personas individuales).

Pero aunque las tasas de cruces fronterizos han disminuido y el DHS continúa avanzando con sus planes de adquirir más torres, las personas siguen muriendo dentro del alcance de estos sistemas de vigilancia.

El 14 de septiembre de 2025, una mujer mexicana de 30 años llamada Graciela Gómez Hernández murió a poco más de 350 yardas del muro fronterizo físico que separa el sur de California de Tijuana, y a menos de una milla de una torre del sistema RVSS.

Esa misma tarde había comunicado a su familia que ya no podía seguir caminando, y sus mensajes de voz se interrumpieron repentinamente.

Sus restos, que ya se encontraban en estado de esqueletización, fueron recuperados casi tres semanas después, el 4 de octubre. Faltaban algunos de sus huesos y el informe del médico forense indicó que existía “aparente actividad de animales… en las costillas”.

Sara Stroud, organizadora del grupo humanitario voluntario Borderlands Relief Collective, que deja agua y suministros en áreas silvestres frecuentadas por personas que cruzan la frontera, visitó el lugar de la muerte de Gómez Hernández pocos días después para colocar una cruz conmemorativa.

Un helicóptero de la Patrulla Fronteriza apareció casi de inmediato y comenzó a volar en círculos a baja altura sobre los voluntarios.

Entre el helicóptero y la torre RVSS visible al fondo, “me sorprendió lo vigilados que estuvimos todo el tiempo”, dijo Stroud.

Añadió que ese nivel de vigilancia contrastaba fuertemente con las respuestas a menudo lentas, o incluso inexistentes, de la agencia cuando personas morían frente a las cámaras.

“¿Me están diciendo que no lo vieron o que sí lo vieron?”, preguntó.

“Porque si lo vieron, eso es horrible. Y si no pudieron verlo, entonces ¿cómo se explica eso?”

Reportaje adicional de Lillian Perlmutter.

Este trabajo contó con el apoyo de una subvención del Tarbell Center for AI Journalism.

James O'Donnell is a senior reporter at MIT Technology Review, where he covers artificial intelligence. Prior to joining MIT Technology Review, he was a reporting fellow at FRONTLINE PBS. His work has...

Eileen Guo is senior reporter for features and investigations at MIT Technology Review, where she focuses on how the tech industry shapes our world. Previously she was a freelance reporter and audio producer...