Uno de los perros que se preparaban para ser entregados a una familia temporal en la San Diego Humane Society el miércoles 14 de enero. (Foto cortesía de San Diego Humane Society)

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Un día de 2024, Justin Laudadio encontró a su gato, Chicken, retorciéndose en el suelo de su casa en Feasterville, Pensilvania, aparentemente en medio de una convulsión. Laudadio lo colocó en una transportadora y salió a toda velocidad hacia un hospital veterinario, temiendo lo peor durante todo el trayecto.

Los veterinarios lograron estabilizar a Chicken, un gato atigrado marrón de unos 12 años que además padecía diabetes, durante una estancia hospitalaria de tres días. Aunque fue diagnosticado con acromegalia, un trastorno hormonal provocado por un tumor benigno en la glándula pituitaria, nunca quedó completamente claro qué causó la convulsión.

Pero algo sí quedó claro: el tratamiento sería costoso. Incluso antes de realizar estudios adicionales que sumarían miles de dólares a la cuenta, la factura ya ascendía a 9,500 dólares. La cifra era impactante, pero Justin y su esposa, Airy, aceptaron cubrirla incluso antes de saber si Chicken sobreviviría.

“Uno hace lo que tiene que hacer”, dijo Justin.

“El mayor obstáculo para acceder a la atención veterinaria es, sin duda, el costo”, afirmó Donald Consla, veterinario de Animal Friends, un refugio de animales en Pittsburgh que opera una clínica de bajo costo.

Desde 2017, los precios de los servicios veterinarios han aumentado alrededor de 67%, muy por encima de la inflación general, que en el mismo periodo acumuló aproximadamente 38%, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

Tecnología avanzada, facturas más altas

“La medicina veterinaria ha experimentado una gran transformación en las últimas décadas”, explicó Jennifer Quammen, presidenta de la Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria.

Los dueños de mascotas ahora tienen acceso a tecnologías como resonancias magnéticas y ultrasonidos que antes solo se encontraban en hospitales humanos.

“Ese equipo ciertamente tiene un costo”, señaló.

Quammen añadió que el aumento en los gastos operativos, el encarecimiento de los medicamentos y la inflación también están impulsando las facturas veterinarias.

Los dueños de mascotas parecen estar reaccionando. Las visitas al veterinario han disminuido durante el último año, incluso cuando los ingresos de la industria continúan creciendo, de acuerdo con datos de la asociación.

“Estamos viendo que las personas retrasan la atención rutinaria y preventiva”, dijo Quammen.

En Pittsburgh, la clínica de bajo costo donde trabaja Consla ha registrado una creciente demanda de vacunas y revisiones médicas accesibles.

Aunque reconoce que los modelos de negocio son distintos, asegura haber visto presupuestos de otras clínicas que le resultan sorprendentes.

“Algunos de los estimados con los que llega la gente son realmente impresionantes”, comentó.

Capital privado y propiedad corporativa

Durante gran parte de su historia, la mayoría de las clínicas veterinarias eran negocios pequeños e independientes. Hoy, el sector está cada vez más dominado por grandes grupos respaldados por fondos de inversión y corporaciones.

Entre ellos se encuentra Mars Veterinary Health, controlada por la familia propietaria del imperio de dulces Mars. Chicken fue tratado en dos hospitales BluePearl pertenecientes a esta empresa.

National Veterinary Associates, propiedad de la firma de inversión JAB Holding Co., opera más de 1,000 hospitales veterinarios en Estados Unidos y Canadá. Muchos conservan sus nombres originales, por lo que sus vínculos corporativos no siempre son evidentes.

Según Brakke Consulting, la propiedad corporativa en el sector veterinario pasó de representar 11% del mercado en 2017 a cerca de 30% en 2024.

La concentración es aún mayor en clínicas especializadas y de emergencia, donde entre 75% y 80% pertenecen a corporaciones o grupos de capital privado. En conjunto, generan aproximadamente la mitad de los ingresos de toda la industria.

La atención veterinaria resulta atractiva para los inversionistas por varias razones. Se trata de un mercado fragmentado que puede consolidarse fácilmente, y la mayoría de los clientes paga directamente de su bolsillo, sin la intervención de aseguradoras capaces de negociar tarifas.

Pero el factor clave es la demanda.

Si los dueños pueden costear el tratamiento recomendado para una mascota que consideran parte de la familia, generalmente encuentran la manera de hacerlo.

¿Suben los precios bajo propiedad corporativa?

No existe consenso sobre si todas las clínicas respaldadas por corporaciones cobran sistemáticamente más que las independientes en Estados Unidos.

Sin embargo, una investigación reciente de la Autoridad de Competencia y Mercados del Reino Unido encontró que cinco grandes grupos veterinarios cobraban, en promedio, alrededor de 18% más que los consultorios independientes.

En años recientes, los reguladores estadounidenses han intentado limitar la concentración del mercado.

Durante la administración de Joe Biden, la Comisión Federal de Comercio obligó a JAB a vender varias clínicas veterinarias especializadas como condición para concretar adquisiciones multimillonarias. Según los reguladores, esto ayudaría a evitar que la empresa siguiera absorbiendo competidores en mercados regionales ya altamente concentrados.

El costo emocional de tener una mascota

Las investigaciones de Lauren Powell, profesora asistente de bienestar y comportamiento animal en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, muestran que las personas de bajos ingresos suelen desarrollar vínculos especialmente fuertes con sus mascotas.

En algunos casos, incluso más intensos que los observados en otros grupos socioeconómicos.

Como resultado, hacen todo lo posible por obtener atención veterinaria para sus animales, incluso cuando rebasa sus posibilidades económicas.

La Philadelphia Animal Welfare Society (PAWS) trabaja precisamente para evitar que las dificultades económicas separen a las familias de sus mascotas. La organización ofrece atención veterinaria de bajo costo, alimento gratuito e incluso hogares temporales para animales cuyos dueños enfrentan situaciones de calle u otras crisis.

Filadelfia es una ciudad con elevados índices de pobreza.

“Mucha gente vive al día, y la decisión entre alimentarse o alimentar a sus mascotas es una realidad”, explicó Cory Topel, gerente de comunicaciones y subvenciones de PAWS.

Según Topel, algunos propietarios optan por pasar hambre para asegurarse de que sus animales coman.

PAWS nunca rechaza a una persona por falta de recursos.

“Si los rechazas, terminas colocándolos en una situación en la que ya no pueden conservar a su mascota”, dijo. Eso puede llevar a que entreguen al animal en un refugio o, en el peor de los casos, lo abandonen.

Ayuda para evitar decisiones dolorosas

Otras organizaciones intentan intervenir antes de que el costo de la atención veterinaria obligue a tomar decisiones extremas.

La organización sin fines de lucro For the Love of Alex, con sede en Bethlehem, Pensilvania, recauda fondos para ayudar a propietarios de bajos ingresos de todo el país a pagar tratamientos necesarios.

Una de esas beneficiarias fue Daisy, una perra de Pensilvania que escapó durante un paseo y regresó a casa con una pierna y la cola fracturadas. Los veterinarios creían que había sido atropellada.

Su propietaria cubrió la hospitalización utilizando CareCredit, una tarjeta de crédito especializada en gastos médicos y de bienestar, incluidos los veterinarios.

Pero Daisy necesitaba una amputación que no calificaba para financiamiento.

For the Love of Alex cubrió el resto de la factura, más de 7,000 dólares.

“Tener una mascota se ha vuelto dramáticamente caro”, afirmó Carla Isenberg, directora ejecutiva de la organización.

Isenberg, ex técnica veterinaria, recuerda que las facturas de emergencia de varios miles de dólares solían ser excepcionales. Hoy son mucho más comunes.

También ha observado importantes diferencias entre los precios de pequeñas clínicas familiares y aquellos de cadenas corporativas.

Un final feliz, aunque costoso

En el caso de Chicken, la costosa atención médica terminó dando resultados positivos.

Sus dueños aseguran que hoy el gato “está prosperando”, llevando la típica vida tranquila y soñolienta de un felino senior.

Su salud ha mejorado gracias a alimentos especializados y medicamentos diarios, un lujo que Justin y Airy reconocen tener la fortuna de poder pagar.

Airy se pregunta ahora si la baja expectativa de vida de los gatos con acromegalia se debe únicamente a la enfermedad o a que el tratamiento resulta demasiado costoso para muchas familias.

Si Chicken hubiera enfermado algunos años antes, cuando la pareja no contaba con dos empleos estables, la situación podría haber sido muy distinta.

Tal vez habrían tenido que enfrentar lo que Justin describe como “una decisión desgarradora”.

Capital & Main es una publicación sin fines de lucro galardonada que informa desde California sobre algunos de los desafíos económicos, ambientales y sociales más importantes de la actualidad, incluidos la desigualdad económica, el cambio climático, la atención médica, las amenazas a la democracia, el extremismo y la inmigración.