
Dentro del Departamento de Danza de SDSU, el profesor Joseph Alter utiliza la inteligencia artificial como una herramienta para la enseñanza paso a paso.
En la danza, las ideas coreográficas pueden surgir con facilidad, pero explicar los movimientos no siempre resulta sencillo. Alter encontró una solución a ese desafío mediante la IA.
Alter, profesor de danza, explicó que crea “aplicaciones web que sirven como herramientas visuales de aprendizaje para los estudiantes”.
Utilizando IA generativa, Alter puede indicar a figuras animadas tipo muñeco de palo que ejecuten saltos y pliés en distintas combinaciones de movimientos. En otras ocasiones, usa la plataforma para intercambiar ideas o secuenciar coreografías.
“Intento crear cosas para los estudiantes que los lleven a lugares nuevos, en lugar de repetir o reiterar cosas que ya conocen”, dijo Alter.
Sin embargo, señaló que comprende las limitaciones de la IA, especialmente dentro de un campo creativo como la danza.
Pide a sus estudiantes que introduzcan preguntas relacionadas con la danza en herramientas de IA para evaluar la credibilidad de las respuestas. De esta forma, pueden aprender qué puede y qué no puede hacer la tecnología.
Alter destacó la capacidad de la IA de “alucinar”, es decir, generar información incorrecta como si fuera cierta. En la enseñanza de la danza, explicar mal un movimiento podría afectar la comprensión de toda una coreografía.
“Si no eres un experto en el tema, suena plausible”, afirmó Alter. “Pero si sabes del tema, si eres experto o incluso tienes conocimientos sólidos sobre él, verás que hay muchísimos errores”.
La escritura reflexiva, una actividad de sus clases, consiste en analizar experiencias personales y darles sentido por escrito. Cuando los estudiantes se sienten bloqueados, Alter les recomienda levantarse y empezar a moverse.
“La IA no puede hacer eso por ti”, dijo.
Aunque la IA tiene cierta comprensión de la danza, no puede recrear la práctica de una manera humana.
“La danza es una práctica corporal; realmente necesitas seres humanos en un espacio colaborando para hacerlo”, explicó Alter.

Julia Elbert, bailarina y exalumna de Alter, afirmó que el uso de IA por parte del profesor resultó útil en situaciones específicas.
“Creaba secuencias de mapeo”, explicó Elbert, para imitar la formación de una bandada de aves o un banco de peces, organizadas espacialmente según la preferencia de Alter para que los estudiantes las reprodujeran.
Según Elbert, cada secuencia destinada a recrear movimientos animales “fue muy útil para aprender sobre la proximidad y el espacio”.
A pesar de las ventajas de visualización que ofrece la IA, Elbert considera que la tecnología aún no puede comprender plenamente la danza como práctica.
“No creo que sea posible que la IA llegue a encarnar o comprender por completo todos los pequeñísimos matices que implica realizar incluso los pasos más simples”, comentó.
Los estudiantes de Alter y otros docentes de SDSU han sido testigos de la creciente incorporación de la inteligencia artificial en programas académicos, certificaciones y ahora también en una credencial de alfabetización tecnológica.
En julio, California lanzó el programa de microcredenciales AI-Ready California, diseñado para que estudiantes y personas que ingresan al mercado laboral desarrollen competencias en inteligencia artificial.
Los estudiantes de primer año matriculados en SDSU ahora deben cursar una asignatura de un crédito titulada “Academic Applications of AI” (Aplicaciones Académicas de la IA) para obtener esta credencial.
James Frazee, vicepresidente de tecnología de la información de SDSU, señaló que la IA se está convirtiendo en una herramienta estándar tanto dentro como fuera del aula.
“Tener cierta fluidez en IA se está convirtiendo en una expectativa de muchos empleadores”, afirmó Frazee, citando comentarios compartidos por empresas con la universidad.
“La IA nos está obligando a tener conversaciones sobre lo que sabemos acerca de cómo aprenden las personas”, agregó.
Para mantenerse al día con las opiniones de estudiantes y profesores, SDSU realiza una Encuesta sobre IA que mide la evolución de las actitudes hacia esta tecnología conforme continúa desarrollándose.
Frazee explicó que los docentes pueden decidir cómo desean utilizar la IA en sus cursos.
Jess Humphrey, otra profesora del Departamento de Danza de SDSU, expresó su preferencia por limitar el uso de la IA a tareas administrativas y mantenerla fuera del aula.
“Estoy limitando mi uso de la IA a cosas que me permitan permanecer más horas en el estudio”, dijo Humphrey.
Lo que diferencia a la danza de la IA, explicó, es el componente físico. La acción física, el contacto, genera consecuencias reales.
“El propósito de la danza consiste en reunir a las personas en una sala, colaborar entre sí y encontrarse con el mundo físico”, afirmó Humphrey.
Los estudiantes y las aulas están evolucionando, pero no exclusivamente por la inteligencia artificial, concluyó Alter.
“He visto cambios en los estudiantes, pero es difícil identificar exactamente qué está provocando esos cambios. Sin embargo, no creo que sea la IA”, dijo.






