Elderly Indigenous woman in a bright blue jacket speaks into a microphone at a protest, surrounded by youth holding signs; serious, determined mood.
La legendaria activista de los trabajadores agrícolas Dolores Huerta habla durante una conferencia de prensa en Sacramento antes de una audiencia legislativa de supervisión sobre el Departamento de Regulación de Pesticidas de California. (Foto de Liza Gross/Inside Climate News).

La histórica líder sindical y activista por los derechos civiles Dolores Huerta, una de las figuras más influyentes del movimiento campesino en Estados Unidos, falleció este miércoles a los 96 años, según informó su familia en un comunicado.

La noticia puso fin a más de siete décadas de activismo que la convirtieron en un símbolo de la lucha por la justicia laboral, los derechos de los inmigrantes, la igualdad de género y la participación política de las comunidades latinas.

Nacida como Dolores Clara Fernández en 1930 en Dawson, Nuevo México, Huerta creció en Stockton, California, donde comenzó a desarrollar la conciencia social que marcaría el resto de su vida. Durante un breve periodo ejerció como maestra, pero abandonó las aulas al observar que muchos de sus alumnos llegaban a clase con hambre o en condiciones de pobreza extrema. Aquella experiencia la llevó a involucrarse de lleno en la organización comunitaria y sindical.

En la década de 1960 conoció a César Chávez, con quien fundó la Organización Nacional de Trabajadores Agrícolas, antecedente de lo que más tarde se convertiría en el poderoso sindicato United Farm Workers (UFW). Desde esa plataforma encabezó huelgas, boicots y negociaciones históricas que mejoraron las condiciones laborales de miles de trabajadores agrícolas, muchos de ellos migrantes mexicanos.

Aunque durante años quedó a la sombra de Chávez en los relatos más populares sobre el movimiento campesino, historiadores y activistas coinciden en que Huerta fue una estratega clave detrás de algunas de las victorias más importantes de la organización.

Su influencia trascendió las causas laborales y se extendió a la defensa de los derechos civiles, el acceso al voto, la igualdad para las mujeres y la comunidad LGBTQ+. Fue arrestada más de 25 veces por actos de desobediencia civil no violenta y recibió en 2012 la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo reconocimiento civil en Estados Unidos.

Sin embargo, los últimos meses de su vida también estuvieron marcados por una profunda controversia que sacudió la imagen de uno de los íconos más venerados del activismo latino.

En marzo de 2026, Huerta rompió décadas de silencio y acusó públicamente a César Chávez de haber abusado sexualmente de ella durante los años en que ambos lideraban el movimiento campesino. Sus declaraciones surgieron tras una extensa investigación periodística que documentó acusaciones similares presentadas por otras mujeres.

En un comunicado difundido entonces, Huerta afirmó que tuvo dos encuentros sexuales con Chávez en la década de 1960. Según su versión, en el primero fue “manipulada y presionada” para mantener relaciones sexuales con él debido a la enorme influencia y autoridad que ejercía dentro de la organización. En el segundo caso aseguró que fue forzada contra su voluntad. También declaró que ambos episodios derivaron en embarazos.

Las acusaciones provocaron una fuerte conmoción dentro de organizaciones comunitarias, sindicatos y grupos latinos que durante décadas habían considerado a Chávez una figura intocable. Diversas instituciones iniciaron debates sobre la permanencia de su nombre en escuelas, parques y edificios públicos, mientras que dirigentes políticos expresaron su apoyo a las sobrevivientes que decidieron hacer públicas sus experiencias.

Huerta explicó que había decidido hablar porque consideraba que ya no podía guardar silencio y porque las investigaciones periodísticas revelaban que otras mujeres también habían sufrido abusos. “Mi corazón sufre por todas las personas que padecieron solas y en silencio durante años”, declaró entonces.

Su célebre lema, “Sí se puede”, trascendió las luchas agrícolas para convertirse en una consigna de esperanza y movilización para generaciones enteras.