Martha Veléz junto a Bob Marley, en su estudio. (Foto: Archivo Mixar López)

En mayo de 1975, Bob Marley abrió las puertas de Harry J. Studio, en Kingston, y le entregó su mundo a una cantante que venía de otro mundo. Martha Veléz no era jamaicana. Era neoyorquina de familia puertorriqueña, cantante formada en ópera, veterana de Broadway y bluesera con un disco grabado en Londres junto a Eric Clapton.

Marley la escuchó, sintió un parentesco filosófico con ella y le puso lo que tenía: su banda, sus coristas, su productor de cabecera y tres semanas de estudio. El resultado fue Escape from Babylon, un disco de 1976 que suena exactamente a lo que es: el sonido Marley con otra voz al frente.

Veléz nació en Nueva York el 25 de agosto de 1945. Cantaba desde los cinco años. A los 12 ganó una beca de ópera como mezzosoprano. Estudió y entró a la High School of Performing Arts. En Long Island University se unió a The Gaslight Singers, grupo folk con el que grabó dos discos para Mercury.

Broadway la esperaba en su primera audición: se quedó con Mata Hari, hizo I’m Solomon y sustituyó a Diane Keaton en Hair. En Hair grabó unos demos y dos ejecutivos que rondaban la cabina la firmaron en el acto: Seymour Stein y Richard Gottehrer, fundadores de Sire. La mandaron a Londres con Mike Vernon, productor de Cream.

Fiends and Angels (1969), salido de Londres, parece una lista de invitados imposible: Eric Clapton, Paul Kossoff de Free, Stan Webb de Chicken Shack, Christine Perfect —luego McVie— en teclados, Jack Bruce en bajo, Mitch Mitchell de la Jimi Hendrix Experience en batería y Brian Auger en órgano. Veléz lo cuenta con gracia: intimidada entre esos monstruos, se plantaba con unas botas altas que la dejaban en 1,88. Los Decca Studios estaban montados en gradas, como un escenario, y ella cantó desde arriba como si estuviera en teatro.

Después vinieron dos discos de cantautora: Hypnotized (1972, Polydor) y Matinée Weepers (1973, Sire). En el segundo ya hay temas reggae y una canción suya, “Money Man”, que le gustó a Gottehrer. El productor Craig Leon fue el puente hacia Kingston. Sire le mandó a Marley unos cortes de Veléz. Marley escuchó “Living Outside the Law”, de Hypnotized, y sintió lo que las crónicas llaman un parentesco filosófico con ella. Le gustó la voz y aceptó. Veléz lo dijo después: su vida era muy distinta a la de Marley. En el estudio encontraron un groove común.

Kingston, tres semanas. Marley produce. Craig Leon y Lee “Scratch” Perry coproducen. El guitarrista Al Anderson, de los Wailers, ya había trabajado con Veléz en 1973. La banda es la de Marley sin recortes: Aston “Family Man” Barrett en bajo, Carlton Barrett en batería, Al Anderson y Earl “Chinna” Smith en guitarras, Tyrone Downie en órgano, Bernard “Touter” Harvey, Gladstone Anderson y Winston Wright en pianos, los Zap Pow Horns en metales. En coros, las I-Threes completas: Rita Marley, Judy Mowatt y Marcia Griffiths. Marley y Perry tocan percusión. De esas sesiones quedaron ensayos con Bob enseñándole los temas con su guitarra acústica.

Una parte de las voces se terminó en Nueva York, en Plaza Sound. La corriente jamaicana metía distorsión en el equipo y Veléz regrabó allá lo necesario. Después del disco quiso hacer más reggae. La disquera no quiso. Escape from Babylon encontró su nicho y quedó como disco de culto.

Navegar entre tiburones fue su oficio. En esos cuartos llenos de egos enormes, Veléz se impuso una regla profesional: no mezclar lo íntimo con el trabajo, para que quedara claro que estaba ahí por su propuesta musical, respetada y a la altura de los hombres. Admite que se sentía insegura e intimidada. Subió de todos modos. La disquera que le cerró el camino a más reggae fue otro tiburón. Ella pasó entre todos y siguió cantando.

Los ocho temas cuentan la historia en miniatura. Tres son de Veléz: “Money Man”, “Wild Bird” y “Come On In”. Dos son versiones directas de Marley: “Bend Down Low” y “Get Up, Stand Up”, esta última con Peter Tosh. Dos composiciones de Marley aparecen acreditadas a su esposa Rita: “There You Are”, versión de “Stand Alone”, y “Happiness”, versión de “I’m Hurting Inside”. El desvío tiene motivo: una disputa editorial de Marley con sus publishers. La octava pieza es “Disco Night”, coautoría de Veléz y Marley, acreditada a Veléz y Rita Marley por el mismo motivo. Sire lanzó “Disco Night”.

Dave Marsh, del New York Post, llamó al disco el proyecto más extraño del año y añadió que resultaba comercialmente digerible porque el material era excelente.

Aquí entra el calzador. Treinta años después, Mark Ronson hizo algo de la misma naturaleza con Amy Winehouse. Para Back to Black (2006), Ronson reclutó a los Dap-Kings, la banda de Sharon Jones, y grabó con ellos en los Daptone Studios de Brooklyn: todos juntos en una sala, batería con un solo micrófono, todo a cinta, sin Pro Tools. Seis de los once temas del disco, incluido “Rehab”, llevan ese sello. Ronson dijo que los Dap-Kings dieron vida a “Rehab”.

El espejo tiene sus límites. Marley produjo el disco entero de Veléz. Back to Black se reparte entre Ronson y Salaam Remi, y los Dap-Kings tocan solo en los temas de Ronson. Escape from Babylon fue un disco de nicho. Back to Black vendió 20 millones de copias y le dio a Ronson el Grammy a Productor del Año. La estructura es idéntica: un productor que le entrega a una cantante su banda entera, ya engrasada por años de tocar junta. Ronson nació en Londres y se crió en Nueva York desde los ocho años: británico-estadounidense.

Hay otro parentesco, más raro todavía. En 1979, Serge Gainsbourg, el francés padre de Charlotte Gainsbourg, grabó en Kingston Aux armes et cætera: su Marsellesa vuelta reggae, con Sly Dunbar en batería, Robbie Shakespeare en bajo y las I-Threes en coros. Las mismas tres voces que cantan detrás de Veléz. La crítica oyó en la sesión un dub al estilo de Lee Perry, el mismo Perry que coprodujo Escape from Babylon. En Estrasburgo, paracaidistas reventaron el concierto y él cantó a solas la Marsellesa original.

Otra hermana nació en Spanish Town, Jamaica, y se hizo en pasarelas de París y en el Studio 54: Grace Jones. Ella sí era jamaicana. Su anomalía fue el giro: en Compass Point, Nassau, con Chris Blackwell y los Compass Point All-Stars —otra vez Sly y Robbie en la base—, grabó Warm Leatherette (1980), Nightclubbing (1981) y Living My Life (1982), su paso del disco al reggae y al post-punk. El oído las emparenta: piezas únicas, anómalas, nacidas separadas, tocadas por las mismas manos.

Veléz siguió siendo polifacética después de Kingston. Cantó con la banda de Van Morrison y luego escribió teatro: la premiada Power of the Powerless y la obra con música American Heartbeat, sobre un veterano de Vietnam. Se doctoró en mitología cultural y psicología profunda. Hoy sigue viva. Yo escucho su disco con Marley y oigo una idea: una voz puede cruzar de tradición en tradición y sonar verdadera en cada una, cuando la banda que la sostiene suena verdadera primero.