Un trabajador agrícola instala tuberías de riego en un campo de fresas en Oxnard, California, el 18 de junio de 2025. (Foto de Damian Dovarganes/Associated Press)

Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente por Inside Climate News, una organización periodística independiente y sin fines de lucro especializada en temas de clima, energía y medio ambiente.

Desde la década de 1960, los agricultores han dependido cada vez más de los plásticos. La producción masiva de herramientas agrícolas derivadas de productos petroquímicos las hizo accesibles y transformó la agricultura moderna.

Las cubiertas plásticas para cultivos, conocidas como mulch plástico, se convirtieron rápidamente en una pieza fundamental de la producción agrícola. Ayudan a regular la temperatura del suelo, controlar malezas y enfermedades y aumentar los rendimientos de cultivos que van desde tomates hasta maíz.

Ahora, científicos y legisladores intentan resolver un complejo dilema: cómo conservar los beneficios de esta dependencia de los plásticos, conocida como plasticultura, sin ignorar sus crecientes costos ambientales.

“¿Cómo se equilibra el uso de una tecnología que revolucionó por completo la agricultura con las preocupaciones ambientales que genera?”, preguntó Jazmine Mejia-Muñoz, gerente del programa de calidad del agua de la organización sin fines de lucro California Marine Sanctuary Foundation, durante una conferencia reciente organizada por el Consejo de Asuntos Oceánicos, Ciencia y Tecnología de la Universidad Estatal de California.

La fundación trabaja con productores agrícolas para evitar que los materiales plásticos lleguen a bahías y océanos a través de escorrentías y drenajes.

Un problema global en crecimiento

La producción mundial de plástico se disparó de aproximadamente 2 millones de toneladas en 1950 a 460 millones de toneladas en 2019, y se prevé que se triplique para 2060.

Prácticamente todo el plástico se fabrica a partir de petróleo y gas natural. La extracción y refinación de combustibles fósiles para producir polímeros plásticos genera emisiones que contribuyen al cambio climático y prolongan la dependencia mundial de los hidrocarburos.

Una vez en el ambiente, la enorme variedad de plásticos utilizados en la agricultura, incluyendo cintas de riego por goteo, sacos de fertilizantes, invernaderos, túneles agrícolas, mallas sombra, envases de pesticidas y películas para acolchado, termina fragmentándose en microplásticos.

Estos diminutos fragmentos se acumulan en los suelos, contaminan cuerpos de agua mediante escorrentías y pueden dispersarse por el aire.

Para 2017, los científicos comenzaron a comprender que la contaminación plástica, tradicionalmente considerada un problema marino, podría estar impactando los ecosistemas terrestres en volúmenes incluso mayores, en parte debido a los residuos agrícolas.

“Globalmente utilizamos más de 12.5 millones de toneladas métricas de plásticos agrícolas cada año”, explicó Seeta Sistla, ecóloga de suelos de la Universidad Politécnica Estatal de California en San Luis Obispo. “Y probablemente sea una subestimación”.

Campos que brillan… por el plástico

Quienes recorren las regiones agrícolas de California suelen observar campos que reflejan la luz del sol.

“Ese brillo es en realidad plástico colocado sobre los suelos y utilizado como acolchado en lugar de materiales orgánicos que se usaban históricamente”, explicó Sistla.

El problema es que una vez extendido sobre el terreno, el plástico comienza a degradarse. Aunque posteriormente sea retirado, deja tras de sí pequeñas partículas.

“Cada temporada agrícola deja más residuos”, afirmó la investigadora.

En 2019, Mejia-Muñoz y sus colegas determinaron que los productores del condado de Monterey utilizaban cerca de 8 millones de libras de acolchado plástico al año, principalmente en cultivos de fresa.

Al monitorear residuos encontrados en arroyos que desembocan en la Bahía de Monterey, los investigadores concluyeron que más del 80% provenía de esos materiales agrícolas.

¿Son la solución los plásticos biodegradables?

Los investigadores comenzaron a estudiar alternativas biodegradables.

Uno de los productos evaluados estaba certificado para degradarse completamente en un plazo de dos años, lo que permitiría incorporarlo directamente al suelo después de la cosecha.

Sin embargo, las pruebas realizadas en California, Washington, Nebraska y Florida revelaron limitaciones importantes.

Según Mejia-Muñoz, algunos materiales tardaron hasta seis años en degradarse completamente y podrían generar fragmentos aún más pequeños conocidos como nanoplásticos.

Una posible solución consiste en utilizar materiales más resistentes que puedan retirarse mecánicamente con mayor facilidad. Algunos productores de fresas en California ya están comenzando a adoptar esta estrategia sin aumentar sus costos.

La experiencia de China enciende las alarmas

A medida que crece el uso de plásticos agrícolas, también aumenta la necesidad de reciclarlos o evitar que terminen en vertederos.

China, el país que más utiliza acolchado plástico en el mundo, ofrece una advertencia preocupante.

Un estudio publicado en 2020 analizó suelos agrícolas en todo el país y encontró cientos de miles de toneladas de residuos plásticos acumulados. Los investigadores concluyeron que esta contaminación estaba reduciendo el rendimiento de los cultivos de algodón.

Sistla quiso saber si algo similar estaba ocurriendo en California.

Su equipo analizó campos agrícolas costeros y encontró más de 215,000 fragmentos de plástico por hectárea, incluso en terrenos donde los agricultores habían intentado retirar los residuos.

Además, al igual que en China, observaron que mayores concentraciones de plástico se asociaban con una reducción en nutrientes esenciales del suelo.

“Claramente, los plásticos agrícolas están contaminando la cadena alimentaria”, afirmó Sistla.

¿Estamos comiendo plástico?

A medida que los microplásticos se acumulan en los campos de cultivo, también lo hacen miles de sustancias químicas incorporadas durante la fabricación para dar color, flexibilidad o resistencia.

Muchos de esos compuestos jamás han sido sometidos a evaluaciones completas de seguridad.

Diversos estudios muestran que las plantas pueden absorber microplásticos a través de sus tejidos.

Lo que los científicos todavía desconocen es cuánto de ese material termina llegando a las personas a través de los alimentos y cuáles podrían ser los efectos para la salud.

“Prefiero equivocarme por precaución y no consumir plástico absorbido por las plantas”, señaló Sistla.

En busca de alternativas

Por esa razón, expertos como Sistla y Mejia-Muñoz consideran urgente desarrollar materiales biodegradables y de origen biológico que mantengan la productividad agrícola sin generar contaminación persistente.

Entre las alternativas más prometedoras figuran:

  • Papel y fibras de madera.
  • Materiales orgánicos utilizados como acolchado.
  • Hidromulch, una mezcla de materiales vegetales y agua diseñada para controlar malezas.
  • Sistemas agrícolas que reduzcan el uso de materiales desechables.

No obstante, transformar una industria agrícola valuada en aproximadamente 60 mil millones de dólares requerirá apoyo legislativo.

“Animo a nuestra Legislatura a pensar seriamente cómo detener o reducir estas entradas de plástico y cómo remediar los lugares donde la contaminación ya es significativa”, dijo Sistla.

Para la investigadora, aunque los microplásticos y nanoplásticos generan gran interés científico, la solución comienza por un paso mucho más simple:

“Necesitamos controlar la entrada de residuos plásticos grandes. Punto”.

Fuente: Inside Climate News es una organización periodística independiente y sin fines de lucro dedicada a la cobertura del clima, la energía y el medio ambiente.