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Las escasas lluvias, los plazos incumplidos y la incertidumbre sobre el río Colorado están complicando decisiones cruciales relacionadas con el agua en California.
Ningún estado, agencia hídrica o funcionario federal ha demostrado tener el poder, o la voluntad, para romper el estancamiento entre los estados de la cuenca del río Colorado sobre cómo compartir unos suministros cada vez más reducidos.
Años de tensas negociaciones no han producido un consenso, incluso mientras los principales embalses han descendido a mínimos históricos, aumentando la tensión y elevando lo que está en juego para los negociadores.
Ahora, acuerdos fundamentales para administrar el río expirarán a finales de este año. Entre ellos se encuentran los acuerdos alcanzados en 2007, que estuvieron vigentes durante casi dos décadas y cuya elaboración tomó menos de tres años.
Esta ronda de negociaciones ya ha durado más tiempo y, hasta ahora, no ha producido nada tan duradero.
La Oficina de Reclamación de Estados Unidos (Bureau of Reclamation), responsable federal del río dentro del Departamento del Interior, publicó la semana pasada un marco de trabajo de 10 años que establece parámetros generales para la gestión del río, pero no impone un plan específico a largo plazo.
Las disposiciones federales contemplan recortes de hasta 40% en el suministro compartido de California, Arizona y Nevada en la cuenca baja. También permiten que las liberaciones desde el lago Powell, que almacena los flujos provenientes de la cuenca alta, desciendan a niveles que podrían poner en riesgo el cumplimiento del umbral legal para las entregas de agua a los estados aguas abajo.
Estos recortes representan un límite máximo para futuras operaciones. El gobierno federal planea publicar planes de gestión más detallados cada dos años si los estados continúan sin llegar a un acuerdo.
La agencia podría publicar en cualquier momento el primero de esos planes, que impondría recortes a California, Arizona y Nevada, incluyendo una reducción estimada de aproximadamente el 10% para California hasta 2028, equivalente a unas 440,000 acres-pie de agua por año.
No se esperan recortes obligatorios para Colorado, Wyoming, Utah y Nuevo México, según personas involucradas en las negociaciones. El Los Angeles Times fue el primero en informar sobre esta división.
Esto refleja los límites del poder federal y de la voluntad política. El Departamento del Interior puede imponer recortes en la cuenca baja, pero no tiene autoridad comparable para obligar a los estados de la cuenca alta a reducir su consumo, una cuestión que el Servicio de Investigación del Congreso ha descrito como objeto de un “debate continuo”.
El futuro del agua en el sur de California
En California, donde la disponibilidad de agua nunca está garantizada, enormes obras de ingeniería permiten abastecer regiones áridas incluso cuando apenas cae lluvia.
Gran parte de esa infraestructura converge en el Metropolitan Water District (MWD), el mayor distribuidor mayorista de agua del sur de California. La agencia importa agua del norte del estado y del río Colorado para abastecer a ciudades y organismos locales que sirven a 19 millones de personas en seis condados.
La dependencia de esos suministros quedó en evidencia durante la última sequía, cuando el agua proveniente del norte de California se redujo drásticamente y 6 millones de residentes del sur del estado enfrentaron restricciones sin precedentes en 2022.
Aunque la situación actual no es tan crítica, la incertidumbre sobre el río Colorado aumenta los riesgos para la próxima gran sequía.
“Existe una buena posibilidad de que sea tan malo como lo ha sido antes, y una posibilidad razonable de que sea peor”, dijo Keith Nobriga, gerente de operaciones del MWD.
La incertidumbre también complica las decisiones relacionadas con proyectos multimillonarios impulsados por el gobernador Gavin Newsom, incluidos Sites Reservoir, el túnel del Delta y el programa de reciclaje de agua Pure Water Southern California.
Metropolitan ya ha comprometido cientos de millones de dólares para la planificación del túnel del Delta y cerca de 31 millones para Sites Reservoir.
Sin embargo, antes de comprometerse por completo con cualquiera de estos proyectos, necesita saber cuánta agua podría perder del río Colorado y durante cuánto tiempo.
Agricultura en el limbo
California utiliza la mayor proporción del agua del río Colorado entre todos los estados de la cuenca.
Dentro de California, el Imperial Irrigation District (IID) consume la mayor parte de ese recurso para irrigar alrededor de medio millón de acres dedicados a alfalfa, forrajes, vegetales de invierno y otros cultivos.
Durante la megasequía, la administración Biden acordó entregar más de 500 millones de dólares federales al IID a cambio de programas temporales de conservación.
Los agricultores redujeron el riego de cultivos forrajeros durante semanas y el distrito logró ahorrar suficiente agua para elevar el nivel del lago Mead en más de 12 pies, según Tina Shields, administradora del recurso hídrico del distrito.
Ahora esos programas están llegando al final de su financiamiento y vigencia regulatoria.
Cualquier iniciativa nueva requerirá permisos adicionales y revisiones ambientales para evaluar el impacto de una menor escorrentía agrícola que alimenta al Mar de Salton.
“Esto debe hacerse con una perspectiva de largo plazo, no con acuerdos de dos años”, afirmó Shields.
Mientras tanto, continúan las negociaciones entre los distintos usuarios del agua en California para determinar cómo se distribuirán los próximos recortes y quién pagará por ellos.
El arte de negociar
Aunque el Departamento del Interior todavía no ha publicado oficialmente su plan para los próximos dos años, quienes participan en las conversaciones esperan que incluya reducciones similares a las planteadas por California, Arizona y Nevada en mayo.
Posteriormente, los tres estados deberán acordar cómo aplicar esos recortes.
Jay Weiner, abogado de la Tribu Fort Yuma Quechan, cuya reservación se extiende a ambos lados del río Colorado, comparó el plan con una curita más que con una solución duradera.
“En gran medida, nos deja a merced de este próximo invierno”, dijo.
La administración Trump apostó por que los estados alcanzaran un acuerdo voluntario en lugar de imponer condiciones, una estrategia que hasta ahora no ha logrado romper el estancamiento.
Arizona ha criticado a los estados de la cuenca alta por no ofrecer reducciones obligatorias verificables. El negociador Tom Buschatzke expresó estas críticas en un artículo publicado por The Denver Post.
Por su parte, la negociadora de Colorado Becky Mitchell escribió en The Colorado Sun que si los estados de la cuenca baja hubieran vivido dentro de sus posibilidades, “los embalses no estarían hoy en crisis”.
Elizabeth Koebele, profesora de ciencias políticas de la Universidad de Nevada, Reno, señaló que las negociaciones históricamente han sido más productivas cuando existe una relación sólida entre los participantes.
“Llevamos mucho tiempo gobernando en crisis y cada vez que nos sentamos a la mesa hay un gran problema que resolver”, afirmó. “La casa está en llamas”.
Aunque la cuenca baja podría demandar a la cuenca alta por incumplimientos en las entregas de agua, ambas partes enfrentarían resultados inciertos en los tribunales.
Mark Gold, científico ambiental y miembro de la junta directiva del Metropolitan Water District, resumió la situación de forma contundente:
“En esencia, esta acción federal deja a 40 millones de personas viviendo de cheque en cheque en materia de suministro de agua”.
Y dentro de dos años, esos mismos estados volverán a enfrentarse al mismo problema, con los mismos desequilibrios de poder aún intactos. Hasta entonces, el Departamento del Interior puede imponer recortes más profundos a la cuenca baja. Por ahora, nadie parece dispuesto a obligar a la cuenca alta a hacer lo mismo.
CalMatters es una organización periodística independiente y sin fines de lucro que informa a los californianos sobre temas que afectan su calidad de vida y exige rendición de cuentas a los líderes públicos.
