A lively crowd in Barrio Logan gathers under an arch, celebrating with Mexican flags and jerseys.
Miles de personas acudieron al barrio Logan para disfrutar el partido Mexico-Inglaterra, que terminó 3-2 en favor de los británicos, terminando así el sueño mundialista de los mexicanos. (Foto: Alejandro Maciel/Times of San Diego)

El “¿y si sí?”, el mantra que representó el deseo de millones de mexicanos de que esta vez la historia de nuestra selección fuera diferente, quedó en eso: un hermoso sueño colectivo que Inglaterra cortó de tajo al ganarle al Tri 3 goles a 2, en una tarde histórica en el Estadio Azteca de la capital mexicana.

Tal vez lo más significativo del “¿y si sí?” es que resumió el cambio de actitud del aficionado en torno al seleccionado nacional; fue un susurro colectivo que invitó a soñar con cosas grandes. Se repitió en las charlas de esquina, en los chats familiares y en el pensamiento antes de dormir: “¿Qué tal si esta vez jugamos como nunca y ganamos como siempre?”, decía Salvador González, residente del Barrio Logan en San Diego. Él sostenía el cartel que representaba el sueño de un país entero que no quería quedarse en la orillita. “Queremos construir un nuevo futuro”, añadía su amigo Andy Quintero.

Los aficionados no quisieron tomar en cuenta la historia, y es que el saldo era desolador. De los enfrentamientos previos contra Inglaterra, el registro mostraba seis victorias inglesas frente a solo dos mexicanas. No se quiso tomar en cuenta no solo por la trayectoria impecable de la selección, sino porque quisimos creer que con la garra y el coraje era suficiente. No lo fue. Confiamos en el esfuerzo sobrehumano de personajes como el guardameta Raúl “El Tala” Rangel, o la sangre nueva transfronteriza de Brian Gutiérrez y Obed Vargas.

A pesar de que la plantilla inglesa tiene un valor de 1,700 millones de euros contra los discretos 192 de México, el aficionado no quiso sacar cuentas porque, en su opinión, en esto lo que cuenta es el coraje. Además, estaba el amuleto invicto: Inglaterra jamás había podido ganar en el Coloso de Santa Úrsula.

Two men holding signs with Spanish text at a sports event. One sign features a Mexican flag and soccer imagery. Crowd in green jerseys celebrates.
Salvador Gonzalez (izquierda) y Andy Quintero hicieron dos carteles con el mantra Y Si Si, que representó las aspiraciones de millones de mexicanos. (Foto: Alejandro Maciel/Times of San Diego)

A pesar de la confianza generada por la actuación del Tri, se invocó a todo. En los altares improvisados se le rezaba al Santo Niño de Atocha, a San Tala, a Malverde y hasta a la Santa Muerte. Mientras el pitazo inicial se acercaba, en el Barrio Logan, bajo los puentes cubiertos de murales que narran la lucha chicana, el ambiente se volvía un carnaval de vuvuzelas, banderas verdes y la picardía del pato Merlín como símbolo de resistencia popular.

El silbatazo y el rugido del Azteca

En punto de la hora señalada de la tarde se dio el silbatazo inicial. Mientras en la capital mexicana amenazaban nubarrones de tormenta, en San Diego una tarde espléndida enmarcaba los 90 minutos más largos de la historia. Luz María, sinaloense de cepa, se persignaba: “Ándale diosito, haznos el milagro, ¿sí?”. En el Barrio Logan, al ritmo de El Sinaloense y El Pávido Návido, la gente se arropaba en su deseo de triunfo.

El inicio fue un intercambio de golpes de alta tensión. México avisó al minuto 14 y luego a los 18; Inglaterra respondió al 20. No había avisos claros de la tormenta que se avecinaba. El campo de juego se disputaba centímetro a centímetro. Cada robo de balón se celebraba como una hazaña. Los ingleses demostraban ser un coloso sólido, una amenaza latente en cada contragolpe. Y los temores se convirtieron en realidad.

Minuto 20: Harry Kane anota el 1 por 0

Tras los dos avisos iniciales de México que hicieron vibrar el travesaño, Inglaterra respondió con la frialdad que la caracteriza. En un contragolpe a velocidad comandado por Jude Bellingham tras una pérdida de balón en el medio campo mexicano, el esférico se abrió hacia la banda derecha. Saka mandó un centro raso y venenoso al corazón del área grande. A pesar del vuelo heroico de Raúl “El Tala” Rangel, el delantero inglés Harry Kane se anticipó a la marca con oficio y firmó el primero de la tarde con un remate cruzado que apagó momentáneamente las vuvuzelas.

Minuto 36: Se consolida la amenaza con el 2 a 0

Justo cuando México intentaba sacudirse el dominio y presionaba cerca del área rival (tras otro aviso en el minuto 31), vino un nuevo chispazo de las individualidades británicas. Inglaterra tejió una jugada colectiva impecable de primer toque en los linderos del área mexicana, rompiendo el bloque defensivo. Phil Foden recibió de espaldas, se dio la vuelta con una recepción orientada que dejó sembrada a la contención y, antes de que la zaga transfronteriza pudiera hacer la cobertura, sacó un disparo potente e implacable desde fuera del área que se coló pegado al poste izquierdo, inalcanzable.

Fueron dos golpes terribles para las aspiraciones de México, pero el Tri no se achicó; mordió en cada sector de la cancha buscando responder antes de que el primer tiempo agonizara

Minuto 42: El gol de la garra y el descuento (1 – 2)

Juan Rodriguez, con máscara, le rexa a San Julian (Quiñones), el jugador mexicano naturalizado de Colombia. (Foto: Alejandro Maciel/TRimes of San Diego)

La selección mexicana no bajó los brazos y demostró que el orgullo estaba intacto. La jugada nació de la recuperación limpia y el coraje de Obed Vargas en la media cancha. El balón llegó a los pies del talentoso volante de Chivas, Brian Gutiérrez, quien condujo con determinación quitándose a dos rivales ingleses de encima. Al llegar a los linderos del área grande, sacó un derechazo cruzado, raso y con un efecto endiablado que superó la estirada del arquero británico. El esférico pegó en la base del poste y se metió, sellando el 2 a 1 justo antes del descanso y desatando el primer gran rugido de “¡Sí se puede!” en el Barrio Logan y en el Azteca.

Juan Rodriguez, con máscara, le reza a San Julian (Quiñones), el jugador mexicano naturalizado de Colombia. (Foto: Alejandro Maciel/TRimes of San Diego)

Suspenso hasta el último suspiro

Para el segundo tiempo, el drama escaló a niveles cinematográficos. De pronto, estalló un enorme punto de quiebre: ¡expulsión para Inglaterra! La tarjeta roja se celebró en las tribunas y en las calles de San Diego como si fuera un gol de último minuto. La ventaja numérica encendió la ilusión. Sin embargo, el destino guardaba un balde de agua fría: un penal en contra apagó momentáneamente la fiesta y puso el marcador 3 a 1 a favor de los británicos. Con diez hombres, los europeos parecían congelar el sueño.

Pero si algo tuvo esta selección, fue que no supo rendirse. El árbitro acudió a revisar una jugada en la pantalla. Los corazones se detuvieron. ¡Penal a favor de México! “¡Sí se puede, sí se puede!”, rugió la marea verde, henchida de orgullo y esperanza.

Minuto 76: El penal de la ilusión (2 – 3)

El árbitro otorgó la pena máxima tras revisar en el VAR una mano clara dentro del área británica luego de un centro peligroso de Enriquito. Con una presión monumental sobre los hombros, el experimentado delantero Henry Martín tomó el balón. Con una frialdad absoluta, engañó por completo al portero inglés cobrando hacia el poste izquierdo para poner el 3 a 2.

Las vuvuzelas reventaron y la fe se renovó por completo para los últimos y cardiacos minutos. El grito de guerra se repitió una y mil veces. La gente en las tribunas se mordía la camiseta, implorando el milagro. Los mexicanos insistieron una y otra vez por la banda, sacando disparos que pasaron rozando el poste.

Cumplido el tiempo reglamentario de 90 minutos, ¡el árbitro agregó 11 minutos de compensación! La gente aplaudió de pie. Era el momento, era hoy o nunca. El público rezaba con los ojos cerrados en las tribunas y en las calles del emblemático Barrio Logan. México buscó el empate con el alma desbocada, peleando cada balón dividido hasta el último segundo.

Suena el silbatazo final. No se pudo. El 3 a 2 fue inamovible.

Sin embargo, esta vez el llanto no fue de amargura. La gente se abrazó y quedó contenta porque, efectivamente, jugaron como nunca y pelearon como leones. No sirvieron los rezos ni pesó la historia en contra; lo que pesó fue el coraje de un equipo que demostró que el «sí se puede» ya no es un ruego, sino una realidad que se defiende con el corazón intacto.

¿Y ahora?, le pregunto a Juan, un aficionado que dobla su bandera con los ojos brillosos. “Esto no ha acabado, ¡ahora tenemos que estar a favor de Estados Unidos!”, dice

Juan.  “Vamos con todo contra Bélgica”.

Alejandro Maciel is the bilingual audience producer and reporter for Tiempos de San Diego and a binational journalist whose career has unfolded in newsrooms and communities on both sides of the border....