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Desde que la Universidad de California (UC) dejó de utilizar los exámenes SAT y ACT en las admisiones para estudiantes de primer año en 2020, las tasas de graduación han aumentado ligeramente y también ha crecido la cantidad de alumnos que regresan para su segundo año de estudios.
Para los defensores de mantener a la UC libre de pruebas estandarizadas, estos resultados demuestran que eliminar el SAT no ha provocado un deterioro académico generalizado en uno de los sistemas universitarios públicos más prestigiosos del país.
Sin embargo, esa realidad convive con otra: miles de profesores de la UC aseguran que sus estudiantes llegan a las aulas menos preparados para el nivel universitario y atribuyen parte del problema a la eliminación de los exámenes estandarizados. Por ello, los líderes del sistema están reconsiderando qué papel, si alguno, deberían tener las pruebas que fueron eliminadas hace seis años.
Cuando un comité de trabajo de la UC recomendó en 2020 que se mantuviera el SAT, advirtió que eliminarlo podría provocar una caída en las tasas de permanencia estudiantil. Esa predicción no se cumplió. También alertó que los promedios académicos del primer año podrían bajar sin la prueba, pero los datos más recientes del sistema muestran que el GPA promedio de los estudiantes de primer ingreso ha aumentado desde 2021, el primer año en que ingresaron alumnos bajo el nuevo esquema sin SAT.
Eso no significa que no existan dificultades. A principios del verano, alrededor de 3,000 profesores actuales y retirados de la UC lanzaron una campaña mediante dos cartas abiertas firmadas para restablecer las pruebas estandarizadas en las admisiones. Argumentan que cada vez más estudiantes muestran deficiencias en matemáticas y escritura, y que la eliminación del SAT impide que la universidad identifique mejor a quienes no están preparados para enfrentar el rigor académico de la UC.
Los académicos involucrados provienen de áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), además de humanidades y ciencias sociales. No obstante, representan apenas una fracción de los aproximadamente 26,000 profesores del sistema.
Un debate que recién comienza
Por ahora, el posible regreso del SAT sigue siendo una cuestión abierta. Los dirigentes universitarios solicitaron a un comité académico que presente un informe detallado sobre el uso de pruebas estandarizadas antes del 12 de febrero. Posteriormente, el Senado Académico de la UC elaborará recomendaciones para junio, las cuales serán enviadas a la Junta de Regentes, organismo con la decisión final sobre la adopción o no de exámenes de admisión.
A nivel nacional, la mayoría de las universidades altamente selectivas han vuelto a considerar las pruebas estandarizadas después de suspenderlas durante la pandemia de COVID-19. Muchas adoptaron modelos “opcionales”, en los que los estudiantes pueden enviar sus resultados pero no son penalizados si deciden no hacerlo.
La Universidad de California es una de las pocas instituciones importantes que mantiene una política completamente “test blind”, es decir, ni siquiera revisa los puntajes de SAT o ACT para tomar decisiones de admisión.
Quienes favorecen el regreso del examen apuntan a estudios que indican que las pruebas predicen mejor el desempeño universitario que las calificaciones de preparatoria. Los críticos responden que el SAT funciona más como un indicador de riqueza familiar que de talento académico. Los estudiantes de familias con mayores ingresos tienen muchas más probabilidades de obtener puntajes elevados que aquellos de bajos recursos.
Por ello, los detractores sostienen que el historial académico de preparatoria refleja de mejor manera el esfuerzo y desempeño de un estudiante a lo largo del tiempo.
La Asociación de Estudiantes de la Universidad de California, que representa a unos 237,000 alumnos de licenciatura, envió una carta a los regentes en julio para oponerse al regreso del SAT. Según la organización, las pruebas no producirán estudiantes mejor preparados y la diversidad racial y étnica en la UC aumentó después de 2020.
La UC eliminó el SAT para combatir sesgos
La decisión se tomó en uno de los momentos más turbulentos en la historia reciente de Estados Unidos.
La pandemia de COVID-19 afectó de manera desproporcionada a las comunidades afroamericanas, que registraron tasas de mortalidad significativamente superiores a las de la población blanca. En ese contexto, los regentes votaron de forma unánime para poner fin al uso del SAT y el ACT.
Algunos miembros del sistema, incluida la entonces presidenta de la UC, Janet Napolitano, describieron los exámenes como herramientas con una larga historia de desigualdad.
Durante la reunión de 2020 en la que se aprobó la medida, Kum-Kum Bhavnani, entonces presidenta del Senado Académico, afirmó: “La principal razón por la que estamos analizando los SAT es porque son racistas”.
No obstante, también sostuvo que la forma en que la UC utilizaba esas pruebas ayudaba a mitigar ese sesgo, ya que los resultados eran apenas uno de los 14 factores utilizados para evaluar a los solicitantes. El Senado Académico recomendó conservar el examen.
Finalmente, los regentes concluyeron que los beneficios potenciales de la prueba no compensaban las desigualdades que favorecían a los estudiantes con mayores recursos económicos.
Sin embargo, en una entrevista reciente con The Chronicle of Higher Education, Napolitano dejó abierta la posibilidad de reconsiderar la política.
“No creo que el SAT sea una solución a la cuestión de si los estudiantes están adecuadamente preparados”, dijo, ahora como profesora de políticas públicas en UC Berkeley. “No es una bala de plata”.
Pese a ello, consideró que los funcionarios de admisión deberían utilizar los resultados “entendiendo qué información aportan y qué información no aportan”.
UCLA: éxito sin el SAT
Antes de eliminar la prueba, UCLA admitía estudiantes con una amplia variedad de puntajes. Según Gary Clark, vicepresidente asociado de gestión de inscripciones de UCLA, la universidad nunca dependió de una puntuación mínima única.
En 2019, la mitad de los estudiantes admitidos obtuvo entre 1,280 y 1,530 puntos de un máximo de 1,600.
La institución consideraba múltiples factores, entre ellos el desempeño relativo del estudiante dentro de las oportunidades académicas disponibles en su escuela secundaria. Dos alumnos con el mismo promedio podían recibir evaluaciones distintas dependiendo de la cantidad de cursos avanzados que hubieran tomado.
Clark señaló que, desde la eliminación del SAT, las tasas de retención y graduación en UCLA han aumentado.
Kim Wilcox, exrector de UC Riverside, respalda la reincorporación de la prueba. Según él, todos los indicadores de admisión contienen sesgos socioeconómicos.
“No importa qué medida se utilice. Tanto el GPA como los puntajes SAT son más altos entre los estudiantes ricos que entre los pobres”, afirmó. “Si todas las herramientas tienen sesgos, yo diría que es mejor contar con más información que con menos”.
Los problemas aparecen principalmente en matemáticas
Los datos sugieren que las mayores dificultades académicas se concentran en los cursos introductorios de matemáticas basadas en cálculo.
Según un análisis presentado a los regentes el mes pasado, los estudiantes de ingeniería y otras carreras STEM mantienen promedios estables cercanos a 3.3, mientras que las tasas de reprobación y abandono permanecen entre 6% y 7% desde 2021.
La misma estabilidad se observa en las áreas de humanidades y ciencias sociales.
Además, pocos estudiantes STEM abandonan sus carreras durante el primer año, y la graduación en cuatro años incluso ha aumentado desde que la universidad eliminó el SAT.
Sin embargo, los cursos de cálculo, precálculo y matemáticas preparatorias muestran señales más preocupantes.
La proporción de estudiantes que obtuvieron D, F o abandonaron esas materias aumentó del 13% al 18% desde el ciclo 2021-2022. Al mismo tiempo, el GPA promedio cayó de 2.95 a 2.71.
Aunque estas clases representan apenas alrededor del 5% de la matrícula de primer año, se han convertido en uno de los principales argumentos para quienes desean recuperar las pruebas estandarizadas.
Un análisis de CalMatters utilizando datos públicos de UC Berkeley encontró que las tasas combinadas de D y F en cursos introductorios de cálculo aumentaron de un promedio de 8% antes de la eliminación del SAT a 11% después de la adopción de la política de admisión sin exámenes.
En Cálculo II, por ejemplo, aproximadamente el 6% de los estudiantes obtuvo una D o una F en 2019. Para el otoño pasado, el porcentaje rondaba el 18%.
No obstante, voceros de Berkeley señalaron que las calificaciones pueden variar considerablemente entre profesores y semestres, por lo que cierta fluctuación es normal.
Qué dicen los profesores que quieren recuperar el SAT
Los académicos favorables a la prueba sostienen que observan más estudiantes académicamente rezagados que en años anteriores.
También señalan que el sistema ha incrementado su matrícula en unos 27,000 estudiantes desde 2016, mientras que la cantidad de profesores no ha crecido al mismo ritmo.
Argumentan además que existen insuficientes tutores y personal de apoyo para ayudar a estudiantes con dificultades en matemáticas y escritura.
Una de las cartas abiertas sostiene que la UC ha sido líder nacional ayudando a estudiantes desfavorecidos a prosperar en matemáticas, pero que los recursos son limitados.
Los defensores del SAT también afirman que los promedios de preparatoria se han vuelto menos confiables debido a la inflación de calificaciones y al creciente uso de inteligencia artificial en la elaboración de ensayos escolares.
Li Cai, investigador de UCLA especializado en pruebas estandarizadas, argumenta que tanto las calificaciones como los puntajes de exámenes ayudan a predecir el desempeño universitario y que, aunque ninguno es perfecto, no existen actualmente mejores alternativas.
Además, citan un informe de la facultad de UC San Diego que encontró un fuerte aumento en el número de estudiantes que necesitaban volver a cursar contenidos de matemáticas de secundaria e incluso de niveles previos.
Qué responden los opositores al SAT
Los críticos sostienen que los defensores del examen exageran su capacidad predictiva y promueven un sistema que excluiría innecesariamente a estudiantes calificados.
Estas posiciones fueron resumidas en un amplio informe elaborado por Jesse Rothstein, profesor de políticas públicas y economía en UC Berkeley y uno de los principales opositores al uso del SAT.
Según los críticos, las dificultades observadas en algunos cursos de matemáticas no se reflejan en indicadores globales. Las tasas de graduación, permanencia y rendimiento general se han mantenido estables o incluso han mejorado.
Amanda Mangaser Savage, abogada de Public Counsel, cuestiona si reinstaurar el SAT resolvería realmente los problemas de preparación académica.
“Si existen problemas de preparación, ¿qué está haciendo la UC para solucionarlos?”, preguntó.
Savage añadió que el SAT podría funcionar más como una barrera de acceso que como una solución educativa.
Public Counsel fue una de las organizaciones que impulsó la demanda judicial que llevó a la UC a abandonar las pruebas estandarizadas. El acuerdo que mantuvo al SAT fuera de las admisiones expiró en 2025, lo que significa que legalmente la universidad puede volver a implementarlo.
Sin embargo, Savage advirtió que su organización podría demandar nuevamente si la UC decide reincorporar el examen.
Un problema más grande que el SAT
Los opositores también argumentan que el descenso en la preparación matemática de los estudiantes es un fenómeno que comenzó mucho antes de que la UC eliminara las pruebas estandarizadas.
Los estudiantes de preparatoria en California todavía no recuperan completamente los niveles de matemáticas y lectura registrados antes de la pandemia. A nivel nacional y mundial, el rendimiento en matemáticas ha mostrado un deterioro sostenido durante más de una década.
Los especialistas atribuyen esta tendencia a múltiples factores: las secuelas educativas de la pandemia, el ausentismo crónico, la escasez de maestros, el uso creciente de docentes sin credenciales completas y la creciente dependencia de herramientas de inteligencia artificial para resolver tareas académicas.
Rothstein sostiene que los cambios en las reglas de admisión de la Universidad de California no pueden explicar por sí solos estas tendencias.
Li Cai, por su parte, insiste en que no debe ignorarse lo que observan los profesores en las aulas.
“Los miembros del profesorado que enseñan cursos introductorios STEM suelen ser los primeros en detectar cambios en la preparación de los estudiantes”, escribió. “Sus responsabilidades y preocupaciones genuinas los colocan en la interfaz entre las decisiones de admisión y los resultados académicos”.
CalMatters es una organización periodística independiente y sin fines de lucro que informa sobre temas que afectan la calidad de vida de los californianos, investiga problemas públicos y exige rendición de cuentas a los líderes del estado.






