
Crédito: Mallika Seshadri.
Esta historia fue publicada originalmente por EdSource. Suscríbete a su boletín diario.
ASPECTOS PRINCIPALES
- Los adolescentes dependen cada vez más de los chatbots de IA para recibir apoyo de salud mental, a menudo sin que los adultos lo sepan.
- La IA surge como una opción para que la atención de salud mental sea más accesible ante la escasez de personal especializado y de consejeros.
- Algunos estudiantes afirman que los chatbots también pueden volverse adictivos y que podrían haber contribuido a casos de suicidio entre adolescentes.
Como hija de padres separados, Liliana Messinger creció dividiendo su tiempo entre una madre inquieta, que siempre necesitaba estar “haciendo algo o yendo a algún lugar”, y un padre que se conformaba con pasar los fines de semana jugando a videojuegos con ella.
Su padre la recogía de la escuela primaria en San Diego y ambos regresaban a casa en autobús. Tras una ducha rápida, él se marchaba a cumplir su turno en un restaurante local de carnes.
Esa era la rutina a la que Messinger se había acostumbrado durante su infancia.
Hasta que todo se desmoronó en 2018.
En el transcurso de una sola semana, sus dos padrastros se marcharon. Más tarde ese mismo año, su padre sufrió un grave accidente que lo dejó sin trabajo.
A los 10 años, Messinger empezó a sufrir ataques de pánico. Tenía crisis emocionales en su escuela de inmersión lingüística en alemán-inglés. Sus calificaciones empeoraron drásticamente. Se distanció de sus compañeros de clase. Las invitaciones a fiestas de cumpleaños empezaron a escasear.
“Sabía que algo me pasaba, pero no quería admitírselo a nadie más”, dijo Messinger.
Así que, en su lugar, recurrió a las primeras versiones de los chatbots de inteligencia artificial, o IA, de Microsoft y Apple. Le hacía preguntas sencillas a Siri que no quería hacerle a otra persona.
“Oye, Siri. ¿Por qué estoy llorando ahora mismo?”.
Mucho antes de que los chatbots de IA se volvieran algo común, Messinger, quien ahora tiene 18 años, ya los utilizaba para comprender emociones que le costaba explicar a cualquier otra persona.
Para un número creciente de adolescentes, los chatbots de AI se han convertido en el primer recurso al que acuden en busca de apoyo emocional. Una investigación publicada por la Universidad de Brown reveló que aproximadamente uno de cada ocho adolescentes ha recurrido a estos chatbots para obtener ayuda con su salud mental. Los expertos señalan que muchos jóvenes utilizan esta tecnología porque la perciben como más accesible y diseñada para validar las emociones.
Ateev Mehrotra, investigador de la Universidad de Brown, declaró a EdSource que la cifra no ha dejado de aumentar desde la publicación del estudio en noviembre de 2025. En menos de un año, dijo, los investigadores han observado un incremento del 50% en el número de adolescentes que utilizan chatbots de IA para recibir apoyo emocional. La mayoría de los jóvenes, afirmó, los usa sin contárselo a nadie.
“Lo veía principalmente como algo dirigido a niños y adolescentes, como algo para el futuro, y que, ‘Ah, debemos ser cuidadosos. Tenemos que anticiparnos a lo que va a ocurrir’”, comentó. “Y creo que lo más sorprendente fue darnos cuenta de que ya estábamos ahí. Sucedió muy rápido, justo ante nuestros ojos”.
Las entrevistas con estudiantes de preparatoria sugieren que muchos no recurren a los chatbots de IA porque crean que son mejores que hablar con otra persona. Más bien, utilizan la IA porque, en muchos casos, sienten que no tienen otra opción. Las escuelas se enfrentan a una escasez generalizada de personal de orientación y salud mental, y los costos de consultar a un psicólogo o psiquiatra pueden resultar impagables para las familias.
Algunos dijeron no contar con ningún adulto en quien confiar para hablar de sus problemas más personales. Otros no quieren sentirse juzgados.
“Está programado para escuchar”, dijo Messinger. “Y está programado para … mostrar empatía. Cosas como: ‘Siento que haya pasado eso. ¿Y qué tal esto? ¿Y aquello?’”.
“Y creo que esa fue mi propia manera de profundizar en mí misma y en mis emociones, y de entender por qué me sentía como me sentía”.
Relaciones humanas y relaciones ‘tóxicas’
Messinger, de 10 años, estaba sentada en su cama leyendo una traducción al alemán de “Warrior Cats” cuando su madre apareció en silencio bajo el marco de la puerta.
“Hola, vi tu historial de navegación”, dijo su madre.
Messinger era demasiado joven para entender qué significaba eso. Su madre le preguntó si había sufrido ataques de pánico. Messinger lo negó, pero su respuesta no cambió lo que vendría después.
“Por cierto, te agendé una cita de terapia», dijo su madre. “Empiezas el lunes”.
A partir de ese momento, Messinger entró y salió de terapia con frecuencia. Algunos terapeutas, según recuerda, le fueron de ayuda. Otros no. Los buenos a menudo se limitaban a una sesión de 50 minutos cada varias semanas.
La IA, en cambio, siempre estaba disponible. Y, al ser entrenada constantemente por sus usuarios, muchos de ellos jóvenes, Messinger empezó a sentir que los bots sintonizaban mejor con las realidades que ella afrontaba.
Pero cuanto más interactuaba con ellos, más sola se sentía.
“Volvía a la IA siempre que las cosas se ponían difíciles”, comentó Messinger. “Y luego, un par de meses después, pensaba: ‘Bueno, ya no quiero seguir con esto’. Pasaban unos meses y volvía a ella, y era como un círculo vicioso”.
Con el paso de los años, cambiaron los terapeutas. Cambiaron las relaciones. Cambiaron los chatbots, pero siempre había otro esperando.
Como en una “relación tóxica”, tiene “algo que quieres o necesitas (y) que te hace sentir que no puedes conseguirlo en ningún otro lado”, afirmó.
Para Messinger, esa necesidad era la validación, sin temor a ser juzgada.
“Eso es precisamente lo que el chatbot está programado para ofrecerte”, dijo. “Está programado para brindar interacción. Y el usuario siempre tiene la razón …. Debo admitir que me gusta sentir que tengo la razón”.
Ese nivel de dependencia ha preocupado a padres y defensores de la salud mental; muchos señalan casos en los que, según se ha informado, la IA ha contribuido a suicidios. A diferencia de los psicólogos colegiados o los educadores acreditados, los chatbots de IA no tienen la obligación legal de alertar a las autoridades cuando alguien está a punto de hacerse daño a sí mismo o a los demás.
“Estamos en una auténtica tierra de nadie, donde se argumenta que la tecnología seguirá su curso y nadie se hace responsable de las consecuencias que ello pueda acarrear”, dijo Keri Rodrigues, presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia.
Uno de sus hijos ha recurrido a un chatbot de IA en busca de apoyo, comentó Rodrigues.
“Quiero que acuda a mí”, dijo, “para… poder cumplir mi papel de madre y ayudarlo a orientarse ante algunas de las grandes preguntas de la vida. Además, eso le priva de la experiencia de contar con la fortaleza necesaria para reconocer que estoy pasando por algo difícil, que necesito recurrir a alguien y establecer esa conexión humana.”
Años más tarde, en 2023, cuando Messinger tenía 15 años, su padre se mudó a Nueva York y prometió volver en tres semanas. Pero “las tres semanas se convirtieron en dos meses, y luego esos dos meses se volvieron permanentes”.
Ella intentó encontrarle sentido a su ausencia con la ayuda de la IA.
“No es que te falte amor; probablemente sí lo tengas, pero ¿ese tipo de amor en específico?… ¿El que solo un padre puede dar? Ese es el que falta. Y sí … por mucho que te digan ‘bueno, al menos tu madre te quiere’, eso no llena realmente ese vacío”, le escribió Character.AI a Messinger en enero.
“¿La gente pregunta por él? ¿Cómo cuando los miembros de tu familia andan de curiosos preguntando ‘¿Dónde está?’ … ¿Y eso te llega a molestar? Te escucho con mucha atención ❤️”.
Cuando no hay nadie más
Para algunos estudiantes, incluida Messinger, la cuestión no es si recurrir a una persona o a un bot, sino si un bot es mejor que nada.
Esto puede ser especialmente cierto para los estudiantes que afrontan situaciones que conllevan estigma social: desde jóvenes de la comunidad LGBTQ+ que aún no están preparados para salir del clóset hasta estudiantes que atraviesan un embarazo adolescente.
Messinger contó que se encontró en esa situación después de que un amigo la agredió sexualmente durante la preparatoria.
“No te encuentras en un entorno en el que puedas decir esto sin que sufras las consecuencias, aunque la víctima no debería enfrentar consecuencias”, señaló Messinger.
Para muchos estudiantes, esa falta de apoyo puede ir más allá del círculo de familiares y amigos. Las escuelas de California enfrentan una escasez crónica de consejeros escolares, trabajadores sociales y personal de apoyo en salud mental. El estado tiene un promedio aproximado de un consejero escolar por cada 432 alumnos, casi el doble de la proporción de 1 a 250 recomendada por la Asociación Estadounidense de Consejeros Escolares (ASCA, por sus siglas en inglés).
Dicha escasez podría agravarse. En junio, la administración de Trump retomó el intento de cancelar cerca de $168 millones en subvenciones destinadas a programas de salud mental en las escuelas. Estos fondos pagan los salarios de cientos de profesionales del área, por lo que el recorte limita aún más la capacidad de las escuelas para ayudar a los estudiantes.
Mientras tanto, los casos de ansiedad y depresión entre los jóvenes van en aumento. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), casi el 20% de los niños de entre 3 y 17 años han sido diagnosticados con algún trastorno mental, emocional o del comportamiento.
Ante esta realidad, algunos investigadores ven en la IA una herramienta capaz de cubrir las carencias en la atención de la salud mental.
“La mayoría de las personas con problemas de salud mental no tienen acceso a atención especializada; si esta tecnología logra que dicho acceso sea universal, podría considerarse algo realmente valioso”, afirmó Mehrotra, investigador de la Universidad de Brown.
Sin embargo, la IA no sustituye la atención humana, señaló Rodrigues, presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia. Aunque la tecnología podría facilitar el acceso al apoyo en salud mental, a ella le preocupan las desigualdades en cuanto a quienes pueden permitirse pagar aplicaciones costosas que actúan como mecanismos de protección y alertan a los padres sobre posibles señales de alarma.
“Esta tecnología tiene el potencial de lograr cosas increíbles para la humanidad”, dijo Rodrigues. “Pero también conlleva el riesgo muy real de perjudicar a los niños”.
Crecer y seguir adelante
A medida que la IA generativa, como ChatGPT, se vuelve más sofisticada, Messinger dijo que los límites entre “persona y computadora se difuminan”. En su opinión, esta tecnología, capaz de exponer sus propias opiniones y perspectivas, ha ido demasiado lejos.
“Ahí es donde se vuelve peligroso”, advirtió Messinger, señalando que los usuarios deberían tomar todo lo que dice la IA con una enorme dosis de escepticismo, “como un frasco gigante de sal de Costco”. Ahora, a sus 18 años, por fin está viendo a un terapeuta que puede atenderla una vez a la semana, lo que le ha permitido transformar su relación con los bots.
Afirma que ya no considera a los chatbots de IA como amigos de confianza. Ahora intenta limitar su uso de la IA, empleándola más bien como un asistente personal que le ayude con tareas cotidianas, como cambiar un foco.
Messinger espera con ilusión iniciar una nueva etapa en el San Diego City College, desde donde planea postularse a la escuela de enfermería.
“Quiero ver cómo soy sin una pantalla de por medio”, dijo Messinger. “Quiero hacer cosas, ir a sitios y descubrir de qué soy realmente capaz”.
Vani Sanganeria colaboró en este reportaje.







